Ana Gomez vivió en primera persona el proceso del aparcamadres. Cuando se reincorporó a  su trabajo en una multinacional después de haber tenido su hijo y reducir su jornada laboral, se sintió completamente desplazada.

Pero no se quedó callada, tuvo el valor y la valentía de enfrentarse a la situación.

Conoce la historia de esta valiente mamá que aprendió, al contrario de lo que le decían en su empresa, que la maternidad no le había vuelto menos, sino que al contrario, le había aportado valores y otras competencias que antes de ser madre no tenía.

Además Ana compartirá con nosotras el gran aprendizaje que le ha enseñado su hijo Joan, descúbrelo escuchando la entrevista.

 

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Transcripción de la entrevista

Billie: En el episodio de hoy tenemos una invitada muy especial. Se trata de Ana Gómez. Ana también ha vivido un proceso de reinvención profesional y está aquí para contarnos su historia. Bienvenida Ana al podcast Madres Reinventadas.

Ana: Hola Billie. Encantada de participar en los podcasts.

Billie: Vamos a empezar con nuestra pregunta estrella y es ¿cómo se llama tu hijo y qué edad tiene?

Ana: Yo tengo sólo un hijo, Joan. Quince años recién cumplidos a julio de 2021, quince añitos del día 4 de julio.

Billie: Quince añitos, lo tienes en la plena época de la adolescencia, te entiendo porque yo tengo dos que van justo uno delante y otro detrás. Tengo 14 y 16, así que nada, edades divertidas también.

Ana: Si me he preparado el casco y la bayoneta, me viene muy difícil y creo que es. Bueno, porque escuchó bastante y leo sobre este tema de la adolescencia en los últimos dos años y la verdad es que es la más complicada, si cabe, dentro del desarrollo de una personita, porque aquí ya interviene la capacidad que ellos empiezan a desarrollar para tomar decisiones y se están convirtiendo ya en personas. Y esto es complicado.

Billie: Es complicado, pero divertido, que es lo que tiene todo esto de ser madre. Oye, Ana, pero vamos a ir un poquito hacia atrás en tu historia como profesional y quiero que me cuentes que hacías profesionalmente hace 15 años antes de tener a tu hijo.

Ana: Bueno, pues hace 15 años estaba trabajando en la misma empresa en la que trabajo actualmente, he seguido adelante. Cuando yo me quedo embarazada de Joan, estaba en un momento en el que empezaba a consolidarme en la empresa. Es una multinacional española líder en el sector de las tecnologías y yo me incorporé en el año 2000 como ingeniero, tengo formación en Ingeniería Industrial. Entonces cuando quedé embarazada ya llevaba casi cinco años en la empresa y bueno, pues ya todo el mundo te conoce, tú conoces tu trabajo y te empiezas a consolidar, ¿no? La verdad es que en el momento que me quedé embarazada no viví problemas de los que tanto escuchamos, lamentablemente, pero sí los viví al volver de mi baja de maternidad. Yo me encontré con que regresé al mismo puesto de trabajo que venía desarrollando como líder de proyectos, en concreto volví al mismo proyecto que había dejado cuando me fui a parir. Yo solamente salí de la empresa para parir un niño maravilloso que despertó en mí cosas que no conocía hasta ese momento. Me emociono mucho por esto. Bueno, y entonces regreso y empiezo a encontrarme en situaciones en las que identifico que me están dejando de lado, en silencio. Nadie vino a decirme “no me interesas, no te quiero ya en este puesto”, no. Yo durante el primer mes viví ese aparcamiento silencioso. Todo ocurría cuando yo salía de la oficina porque tuve que reducir mi jornada. Entonces, bueno, pues con todo lo que sabemos que conlleva el tener un bebé en casa, reducir jornada y demás, pese a vivir durante ese mes todo el estrés y el malestar que me que me ocasionaba esta situación, al cabo de un mes, dado que nadie tenía la valentía de hablarme de qué estaba pasando con respecto a mí, pues fui yo la que enfrenté a la situación y entonces hablé tanto con el que era entonces mi director de proyecto como con la propia área de recursos humanos de la empresa.

Billie: ¿Y cómo tomaste esta decisión Ana? Porque es difícil de repente sacar el valor y decir bueno, si ellos no me lo dicen voy a ir yo.

Ana: Pues es que todas las decisiones que he ido tomando desde que nace mi hijo, ese valor del que hablas, me lo ha dado él. Por eso te digo el valor lo tenemos todos como personas, pero yo creo que este proceso de la maternidad es lo que activa esas cosas que todos tenemos, creo que hombres y mujeres, todos, porque también hay padres valientes en el momento que se convierten en padres o a partir de ese momento. Entonces creo que es eso. Yo ver a mi hijo pequeñito, siempre pensé y sigo pensando que quiero que sea su madre una de sus referencias, no la única. No tiene por qué, pero me encantaría dejar ese legado. Bueno, yo creo que el valor me salió de ahí, de que tenía un niño pequeño en casa, un trabajo que me había costado sacar adelante. Que trabajos hay muchos y empresas hay muchas o proyectos personales para sacar adelante los hay. Sólo tenemos que encontrar esa fuerza o también el momento o las compañías o los acompañantes que te ayuden a potenciar. Para mí fue mi hijo y yo no quería que esa situación que ya llevaba viviendo un mes se prolongara en el tiempo. Entonces, pues nada, yo me planté en Recursos Humanos, al director simplemente le dije que… Además lo conocía de años. Le dije pregunté  qué era lo que estaba pasando. Cómo podía ser, a él se lo dije, cómo puede ser que no tengas la valentía de decirme a la cara que ya no te intereso. Y está claro el por qué. Yo he reducido mi jornada y no te intereso. Pero no eres lo suficientemente valiente como para decirme mira, en vez de a ti cojo a otro y tú vete a hacer otras cosas, ¿no? Entonces así se lo dije. Me asintió con la cabeza. Y como no argumentó nada, pues lo siguiente que salió de mí fue “mira, si no me dices tú que me vaya del proyecto claramente, pues ya te lo digo yo, me voy”. El siguiente paso fue hablar con Recursos Humanos, expuse la situación y en Recursos Humanos me dijeron… Una persona en concreto, que afortunadamente ya no está en esta empresa,  porque habrá hecho escabechinas como esta y más, pues me dijo que bueno, pues que la decisión que había tomado yo y que toma mucha gente de formar una familia está muy bien, pero en este caso mío, pues a lo mejor me tocaba empezar de cero otra vez en la empresa.

Billie: ¡Wow! ¿Y esa persona era mujer o era un hombre? 

Ana: Era un hombre, sí. Fue una conversación breve la que tuve con Recursos Humanos y en el ambiente se respiraba esa cultura machista o similar, no sé si machista exactamente, pero esa cultura antigua que… yo creo que es algo que existe y que ha existido, que existe, sigue existiendo. Por supuesto, a día de hoy parece mentira, ¿no? Pero en el caso de las grandes multinacionales, de las grandes organizaciones, choca más todavía, y sobre todo, en concreto en la que en la que yo estoy, porque hablamos de empresas del sector tecnológico. Quince años atrás ya había cambios brutales, a una velocidad extrema, El coronavirus nos ha traído esta velocidad, pero existía esto. El coronavirus, toda esta situación mundial, ha hecho que evolucionemos, que tomáramos conciencia de que esto estaba ahí, el mundo tecnológico, que lo tenemos en todo a nuestro alrededor. Entonces a mí, en ese ambiente, de esa reunión, esa conversación con Recursos Humanos se percibía, la tocabas en el ambiente, esa actitud o esa cultura de 40 años atrás, ¿no? Cuando me contestó esto mi reacción fue mala, fue mala porque yo nunca había levantado la voz en la empresa a nadie. Y a esta persona le levanté la voz y le dije que bueno, que si esa era la respuesta que me daba la empresa, pues muy bien, si tenía que empezar de cero, yo iba a empezar de cero de nuevo, pero quería que le quedara claro a la empresa que no me había vuelto tonta. No había perdido mis capacidades. Y que quizá lo que sí se había activado en mí eran otros valores y otras competencias que antes de ser madre no tenía. Entonces, bueno, salí de aquella sala y había gente en esa planta. Todas mujeres, porque era la planta de recursos humanos, esto que comenté, lo dije en voz alta, todas las mujeres de fuera lo oyeron, entonces cuando salí, algunas me aplaudían.

Billie: Wow, ¡qué bien!

Ana: Pero la realidad fue que sí, que tuve que empezar de cero entre comillas, no es de cero, pero sí que evidentemente me sacaron del proyecto. Los roles que fui asumiendo en trabajos posteriores, siempre eran dos, tres niveles por debajo del rol que yo había conseguido y me ha costado casi ocho años volver a estar en el punto en el que estaba cuando nació mi hijo.

Billie: Qué impresionante, esa es una historia, Ana, impactante, porque vemos que se siguen repitiendo estas cosas. A diferencia de otras historias que hemos contado ya en este podcast, yo creo que tú has hecho algo clave, que si nos están escuchando más madres, que hoy en día estén en esta situación, en la situación en donde han tenido que volver con después de su maternidad y se están viendo aparcadas, yo creo que este valor que tú has tenido de ir y plantar cara y decir oye, yo valgo y si tengo que empezar de cero empiezo, pero respétame, ¿no? Yo creo que tú pediste respeto y creo que eso al final hizo que afectaran menos lo que te hicieron hacer. 

Ana: Sí, pero esto fue lo que yo hice en ese momento, y también te digo que por cuestiones que ya no eran profesionales, sino personales, de situación familiar, hubiera hecho lo mismo que hice. Pero si no hubiera tenido determinadas situaciones familiares que a mí personalmente en ese momento… No sé al día de hoy, claro, hoy tengo el aprendizaje de muchos años a la espalda, pero en ese momento no me veía capaz de hacer lo que, sin esas situaciones, sí que habría hecho, que es decir oye, pues mira, me voy a otro sitio, ¿sabes? Porque económicamente lo necesito, porque no estoy dispuesta a empezar de cero como me estás diciendo. Pero en ese momento claudiqué ante la ante lo que me estaban diciendo. Si tú empiezas de cero, pues yo me quedo aquí porque no me voy a ir, no puedo. Hoy no puedo irme. Claro, si me echan sí, pero si soy yo la que tiene que decir “dame la cuenta que voy a llamar a otra puerta”, pues en ese momento no lo hice. Pero bueno, creo que sí en ese momento le planté cara a la situación, a estas situaciones que se daban en la empresa, porque luego con los años también por mi edad y algunas compañeras que tenía de la misma edad también habían sido madres y ojo, se daban situaciones de este estilo. Las había que directamente callaban, yo tuve conversaciones con algunas madres que me decían “Ana, te arriesgas mucho, te van a despedir” Y yo les decía bueno, cada uno decide cómo quiere sacar adelante su vida profesional, su familia, su hijo, sus propias creencias en esto de que yo sea madre no me convierte en incompetente o no me hace menos de lo que era antes, ¿no? Cada una elige lo que quiere hacer, cada una tiene también su situación, es decir, cada persona es un mundo, hay una historia detrás. Entonces sí, me encontré con situaciones de mujeres en la empresa, que éramos muy pocas y seguimos siendo porcentualmente pocas en esta plantilla, muy similares, que sí, que esto existía.

Billie: Claro, y seguramente sigue existiendo, y aquí contamos las historias de muchas, pero esa parte que tú pusiste las cartas sobre la mesa, aunque después hayas tenido que claudicar por todo, cada uno al final pone en la mesa no sus cartas y dice bueno, puedo jugar arriesgándome más o menos o llegando hasta tales límites, ¿no? Pero has hecho una cosa muy importante. Has dicho que en el momento en que fuiste ahí con la persona de recursos humanos, le dijiste que no te habías vuelto menos, sino que al contrario, la maternidad te había aportado cosas que suman. Todo lo que aprendemos cuando somos madres no lo dejamos en casa cuando salimos y no lo llevamos al trabajo. Yo creo que lo llevamos. Entonces, ¿qué cosas aprendiste tú a hacer o que te ayudasen en tu trabajo, en tu día a día, que quizá crees que la empresa no fue capaz de ver?

Ana: Pues mira, yo he tenido siempre una personalidad impetuosa, vale. No he sido la reina de las fiestas, pero sobre todo en los temas de responsabilidad, he sido rápida para tomar decisiones con ímpetu, a veces imponiendo. En el tipo de trabajo que yo desarrollo que es todo trabajo en equipo, trabajo individual apenas se produce, si tenés alguna tarea de gestión, de números, de contabilidad, en fin. Pero nuestros trabajos, nuestros proyectos, se desarrollan en equipo. ¿Esto qué implica? Empatía con los demás. Esto que tanto se menciona, ¿no? Capacidad de moderación, sobre todo si tú eres líder o coordinas personas. Más todavía aquello de la escucha activa. Este tipo de cosas. Bueno, antes de ser madre estas cosas no las ponía en práctica. Cuando nace mi hijo, yo no sé qué es lo que se activa, al final somos química y electricidad, algo se activa. Y se activan cosas que yo estoy convencida que tenemos todos. Sólo que hay procesos que hacen que se desencadene algo y procesos que no activas nunca. Entonces yo me convertí en una persona mucho más moderada. Ojo, voy a utilizar el término madre. Era más madre en los proyectos que lo que había sido antes con las personas. Ese comportamiento que tenemos las madres con los hijos, eso del cuidado, la supervisión de las personas. Yo esto lo identifico, me lo identifiqué a mí misma. Una vez que me vuelvo a incorporar, a trabajar con personas… No es que antes me dieran igual las personas. Pero antes era como mucho más mecánica, mucho más fría entre comillas y más impetuosa, Y cuando me incorporo y cuando recupero esa función de coordinar personas o trabajos, empecé a identificar que… ¿Me he hecho más blanda? No, no es que me haya hecho más blanda. Sí son habilidades blandas, pero es que antes no las potenciaba y ahora salen. Y sobre todo esto que te digo que utilizo el término “madre”. Era más madre en los proyectos y me empezó a pasar otra cosa y es que la gente me lo identificaba, no yo. La primera vez que finaliza un proyecto en la etapa en que ya era mamá de Joan, las personas que habían trabajado, que habían estado en mi equipo me dicen “Ana, para el siguiente proyecto que tengas, cuando necesites personal, llámame, que quiero trabajar contigo”.

Billie: ¡Qué bien!

Ana: Entonces este tipo de cosas… No sé, no es que haya sido más que nadie o más que antes, no, simplemente se produjo ese cambio. Es decir, la maternidad activa, activa realmente valores, competencias que antes podían estar pero estaban apagadas, estaban latentes, ¿no? No había nada que las hubiera despertado. Y estoy convencida que es este proceso, la maternidad. Ahora sacarlo todo adelante es una locura, pero ya lo sabemos todas. Y bueno, esto es lo que lo que identifiqué, lo más claro, vaya. 

Billie: ¿Y cómo te ha venido esa intención de decir bueno, venga, ahora voy a estudiar algo nuevo, voy a investigar este tema de las redes sociales y voy a aplicarlo? ¿Y cómo lo compaginas con tu trabajo?

Ana: Bueno, pues con toda esa trayectoria y como digo que sigo trabajando en esta multinacional, he dejado al margen lo que ya cuento. Yo creo que pasé por las mismas etapas que también pasamos todos los profesionales asalariados. Cuando llevas mucho tiempo en el mismo sitio haciendo las mismas cosas, o si alguna cambia, no cambia de gran manera… En fin. Llegó un momento allá por el 2018,  Joan ya tenía 12 años, llegó un momento en que me cansé. Me cansé del tipo de vida profesional que estaba llevando. Y me cansé porque miraba a futuro. Ya estaba empezando ese cambio de niño a adolescente y yo miraba a futuro y decía, ¿ esto es lo que yo quiero seguir haciendo el resto de mi vida? El día que este niño sea un hombre, que queda nada, ¿yo voy a seguir haciendo esto que hago hoy? Pueden ocurrir muchas cosas. Puede ocurrir que me abran la puerta para salir de esta empresa y tenga que… ¿Qué voy a hacer, buscar otro puesto de trabajo igual?  Yo quiero hacer otras cosas y por otro lado, siempre he creído en aquello del compartir conocimiento. Entonces, y todo porque me fijaba en mi hijo, en mi hijo, en cómo están planteados los los planes académicos actuales, el desarrollo que tiene hoy por hoy la etapa infantil, académicamente hablando, la etapa infantil, la etapa de la secundaria. Todas estas ideas las fui madurando y quería crear algo que fuese compartir mi experiencia y mis conocimientos, porque creo que todos somos bibliotecas andantes. Todas las personas, hagamos lo que hagamos. Y también basándome en la desaparición de la figura del aprendiz. Hace muchos años en todas las profesiones existía esta figura, “el aprendiz de”. Pasamos al mundo de los becarios, pero antes de que apareciera esto de los becarios existía la figura del aprendiz, en una empresa o en cualquier sitio, en la carpintería, en una panadería. Esta figura ha desaparecido. Y hablo de esto porque con esto del compartir conocimiento, la experiencia que tengo, cómo puedo trasladar estas cosas, cómo puedo convertir esto en un modo de vida, de aquí nace un proyecto. Lo comento con amigos y con algún familiar y me animan. Empiezo a hacer mi plan para para sacar adelante este proyecto y en el año 2019 también hablando con amistades, me empecé a hacer pequeñas cositas, en esta línea de lo que comento. Un amigo me dice mira, Ana, está muy bien todo lo que quieres hacer, es una buena idea, pero hoy si no tienes presencia en redes no existes. Y entonces empecé a tontear, pues con eso que tonteaba a mi hijo ya con 12 años. Instagram, los canales de YouTube, todo el mundo de redes sociales. Y me vi en que era una auténtica ignorante en estos temas. Y curioso, porque trabajo en la tecnológica, sí, pero el conocimiento de tecnología mío, de proyectos es más de la parte que no se ve, el “back end” sí, cualquier cosa, pero todo el “back end”, no el “front”. Y las redes sociales son el front. Y así fue. Os seguí a vosotras,  a Mamis Digitales, porque por la experiencia vivida, aquello de que te veten en un momento determinado… Siempre he ido siguiendo grupos o gente que que se defiende, porque es así, te defiendes, aquí estoy yo, estoy presente. Entonces os seguía y en 2019 vi que habéis lanzado convocatorias para la certificación de Community Management y el año pasado, aprovechando la época de la pandemia, me decidí a conocer desde dentro esto que realmente es una profesión. Entonces me incorporé con vosotros con la idea de conocerlo, poder aplicarlo a este proyecto mío. Y bueno, pues no sé, quizá más adelante, si lo logro consolidar este proyecto, esa tarea específica de redes sociales no tenga porque hacerla yo y la pueda hacer otra persona, pero no está de más conocerlo.

Billie: Evidentemente ya lo conocéis. Todo lo que se delega, si se conoce y se sabe cómo se hace, es muchísimo mejor que si no has pasado por ello. Así que enhorabuena Ana, por todas las cosas que estás consiguiendo y yo te deseo lo mejor en este proyecto. ¿Podemos saber el nombre y ver un poquito de qué va?

Ana: Sí, tengo una web. No es un proyecto hoy por hoy a personal, reducido a mí, hay tres personas detrás. Apareció como una especie de centro de formación para orientación profesional y gestión y elaboración y diseño de currículums, entrevistas de trabajo, este tipo de cosas. Hemos retirado esa parte porque es la que estamos trabajando, creando un plan. Creemos que es potente y lo hemos dejado ahora mismo solamente en la parte del marketing digital, con alguna opción para igual montar currículums o entrevistas de trabajo, pero la parte de formación es la que hoy por hoy está retirada de web. El proyecto es Idea & Co https://www.iddeaandco.com/  y creemos… Bueno, yo estoy convencida que en otoño, en octubre lo lanzaremos de lleno y a ver que ojalá tenga muy buena aceptación. 

Billie: Pondremos el enlace aquí debajo, porque además estas entrevistas viven por mucho tiempo, así que seguramente alguien que esté escuchando más adelante, pues ya sabéis que podéis ir a los apuntes y ver la página web de Ana. Para finalizar esta entrevista queremos hacerte nuestra última pregunta y eso es ¿qué te ha enseñado tu hijo Joan?

Ana: Uf! Me decía muchísimas cosas, muchas. Cada día desde que nació. Pero te voy a contestar con una de las cosas que más me ha repetido mi hijo desde que tiene uso de razón. Que yo recuerde, la primera vez creo que tenía 7 añitos. Él ha crecido conmigo, trabajando mil horas, mil horas. De hecho había veces en que yo pensaba si sería bueno que viese siempre a su madre delante la pantalla del ordenador conectada a deshoras, a deshoras, entre comillas. Bueno, pues la primera vez que me dijo, tendría unos siete años, en un momento mío de bajón, de que no soportas el ritmo que llevas de trabajo o familia, o sea, él y yo, soy divorciada, me dice: Mamá, tienes que aprender a quererte más. Y trabajar menos. Tienes que aprender a quererte más y trabajar menos. 

Billie: ¡Guau! 

Ana: Esto es y me hace ya muchísimas cosas. Pero eso en concreto es algo que desde ese momento y aún hoy, me ha repercutido. Ahora mismo, en estos días, estoy pasando unos días complicados y hace dos días me lo ha vuelto a repetir con 15 años. Mamá, cuántas veces te he dicho que te tienes que querer más. Cuando me ve flaquear o bueno, los momentos que tenemos todos, me hace este comentario. Esto me parece tremendo. Pero ese comentario a mí me ayuda. Adelante, aprende Ana en que estás fallando. ¿Por qué no te estás queriendo si él te lo está diciendo? ¿Qué tengo que corregir? Esto para mí sería la gran enseñanza.

Billie: Qué bonito, me encanta!

Ana: Pero bueno, la verdad es que me ja enseñado muchísimas cosas a todos los niveles.

Billie: Pues, como bien dice el gran maestro Joan, tenemos que aprender a querernos más y trabajar menos, claro que sí, a pasar más tiempo de calidad con ellas, porque esto es lo único que no podemos recuperar. Así que gracias Ana por compartir esto con todas nosotras. Seguro que nos queda como un gran aprendizaje, una gran lección y seguro que cuando te lo dice tu hijo pesa el triple. Muchas gracias por haber estado aquí, por compartir tu historia con nosotras, que estoy segura de que ayudará a muchas madres en ese camino de reinvención profesional.

Ana: Ojalá. Gracias a vosotros.

Billie: Un abrazo.

 

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