Marcarse unos objetivos es la diferencia entre las personas de éxito que los han logrado y las que no lo han conseguido.

La diferencia está simplemente en que las personas de éxito saben cuales son sus metas, y realizan las acciones diarias necesarias para alcanzar dichos propósitos.

Anna Morató trabajaba por cuenta ajena, pero su vida dio un giro de 180 grados cuando se convirtió en mamá. Ella quería conciliar.

En ese momento, quiso buscar un proyecto que se lo permitiera y gracias a tener ese objetivo en su mente, aunque tuviese miedo, lo consiguió.

Escucha el episodio de hoy para descubrir cómo hacer de tu pasión, tu profesión y no permitir que el miedo al cambio te paralice.

Enlaces mencionados en este episodio

Página Web: https://www.demayorquieroserfeliz.com/

Instagram: https://www.instagram.com/annamorato_dmqsfeliz/

Transcripción de la entrevista

Billie: En la entrevista de hoy tenemos el placer de contar con Ana Morató. Ana es escritora, autora de varios libros infantiles que están especializados en ayudar a la autoestima de nuestros hijos. ¡Qué importante es esta parte! Estoy emocionada de poder tenerla aquí y de poder aprender de ella, de cómo está ayudando a cientos de familias a conseguir esta motivación y esta inspiración para nuestros peques, que yo sé que tú desde donde quiera que estés escuchando, es un tema que seguro alguna vez te has planteado. Así que Ana, bienvenida al podcast Madres Reinventadas.

Ana: Muchísimas, muchísimas gracias. Me hace mucha ilusión estar aquí hoy.

Billie: Y a nosotras tenerte aquí. Vamos a intentar exprimirte al máximo para que nos puedas contar cómo ayudar a nuestros peques a que esa autoestima se vaya incrementando, porque al final, creo que es algo que nos preocupa a todas las madres y también a los padres, por supuesto. Así que Ana, si te parece, vamos a empezar con la pregunta más importante para nosotras y es ¿cómo se llaman tus hijos?

Ana: Vale, mis hijos se llaman Rosa, Claudia y César.

Billie: ¿Y qué edades tienen?

Ana: Pues Rosa cumplió el lunes 10. Claudia tiene 8 y César tiene 6.

Billie: Guau! Los has tenido súper seguidos.

Ana: De hecho el pequeño en diciembre cumple 7. O sea que se llama tener un poquito.

Billie: Muy bien, muy bien. Bueno, Ana, yo tengo curiosidad por saber si tú naciste escritora o si ha sido un proceso de transformación o de reinvención como le llamamos aquí en Mamis Digitales.

Ana: Pues sí, ha sido realmente un proceso de reinvención, aunque yo no lo veo así, no. Pero de catalogarlo sería así. Yo estudié Administración y Dirección de Empresas en ESADE, en Barcelona, y estuve siempre trabajando en multinacionales grandes de la alimentación, en el gran consumo, en marketing, en el departamento de marketing. Y es un trabajo que a mí me gustaba muchísimo, disfrutaba muchísimo, aprendí muchísimo. Pero es verdad que coincidió que… Bueno, yo ahora vivo en Canarias, me cambié de isla, tuve que dejar de trabajar para venirme a Gran Canaria. Yo  tenía muy claro que la experiencia que había tenido había sido una etapa muy bonita, de la que había aprendido mucho, pero no la veía muy compatible con la maternidad en mi caso. Y yo supongo que a veces… Pasó una serie de cosas que luego mirando atrás dices, mira, pues gracias a que ha pasado todo eso, yo al final tuve que buscar una forma… Quería buscar un proyecto, algo que me permitiera la conciliación. Y siendo súper sincera, era como “y yo qué sé hacer” y “qué puedo hacer”. Y la gente “oh, no, claro. Tú escribes, tienes muchas ideas”.  Ahora se ve muy fácil, una vez que lo consigues. Pero en ese momento yo creo que es ese miedo que tenemos todas de convertir algo que a lo mejor crees que se te da bien o que te gusta, o que no has hecho nunca, o que no te has formado precisamente para ello, diciendo ¿cómo voy a llegar a vivir de eso o hacer de eso una profesión? Y la verdad, si lo cuento, es por eso, porque yo creo que ese miedo, esa incertidumbre es parte del proceso. A veces dices no, cuando lo tengo más claro, cuando lo vea. No. Ese momento no existe si no das el salto. Y creo que es importante que los que hemos pasado ese puente, por decirlo de alguna forma, lo contemos. Porque cuando tú ves una persona en un nuevo empleo o en un nuevo trabajo, claro, ya parece que el camino está hecho. Parece como un camino fácil, ¿no? Pero cuando tú estabas haciendo ese camino no veías a más de 100 metros. Entonces lo cuento porque yo creo que es una cosa bastante común en estos en estos casos. Entonces yo lo tenía muy claro. De hecho empecé a hacer un blog de maternidad que se llamaba El primer mes con tu bebé. Bueno, estuve haciendo ahí varias cositas, un poco con mi conocimiento del mundo del marketing con el tema de la maternidad. Hice varias cositas buscando un poco mi espacio propio y sobre todo que me permitiera la conciliación. Una de las cosas que hice fue escribir un cuento en inglés de frases positivas para mi hija y de ahí… Sabes,  hice un poco de todo, un camino te lleva a otro, y empecé con los cuentos. Y la verdad es que el primero que autopubliqué ya más en serio fue “De mayor quiero ser feliz”. La verdad que estoy superagradecida porque tuvo muy buena aceptación, gustó muchísimo y ahí de hecho también lo  cuento porque lo auto publiqué, ninguna editorial me lo quiso publicar. Yo ahí soy Capricornio, ¿no? Cuando creo en algo tengo mis momentos de dudas, ¿sabes? Porque aunque tú… Porque eso también es normal, tú puedes ser tenaz y constante y tener momentos de dudas. Creo que además es lo normal tener ambas. Nadie de nadie tiene súper claro el camino, ni tampoco hay que  quedarse solo en las dudas, porque si no, no avanzas, pues compaginar las dos cosas. Autopubliqué el libro en Amazon, tuvo muy buena aceptación y así que empecé con la editorial y a día de hoy pues sí, estoy escribiendo. Empecé un poco por el tema de mis hijos, porque por otra parte tenía muy claro que había toda una serie de valores, de conceptos, de hábitos positivos, que yo he tenido la suerte de que en mi casa mis padres nos los han inculcado, que yo considero que han sido muy importantes en mi camino, para que ellos lo fueran aprendiendo desde bien pequeñitos. Es un poco, en resumen esa reinvención que claro, uno no lo ve como “me voy a reinventar”. Al final eso es un proceso, un proceso en el que hay dudas, que no sabes muy bien. Yo me acuerdo que  tenía una amiga que hacía camisetas superchulas, y yo decía “¿Ves? Ella sí que tiene un producto”. Sobre todo en el caso de las madres, que a lo mejor es más un servicio, al ser intangible también parece que es menos producto, incluso a la hora de cobrar por ello. Todo esto lo tenemos que ir cambiando, evolucionando, porque no es así.

Billie: Bueno, todo lo que diciendo resuena un montón aquí en Mamis Digitales porque todas nuestras madres pasan por esos miedos, pasan por esa fase de decir cómo me puedo comparar o me comparo con la que ya lo ha conseguido. Y al final yo creo que para ella fue fácil y para mí no lo fue. Y es el motivo por el cual nace este podcast, para darle visibilidad y darle voz a todas estas mujeres que lo consiguen y para inspirar. A mí me gusta mucho esa palabra de inspiración, porque yo creo que no nos podemos comparar las unas con las otras, sino más bien podemos escuchar, aprender y decir “si ella lo ha conseguido, yo también”.  Si ella ha pasado por miedos, es bueno porque yo también. 

Ana: Eso está genial y la verdad os felicito y creo que estáis haciendo una labor importantísima, porque ofrecer eso es un apoyo que muchas madres seguro que lo necesitan, que les viene bien y os felicito de verdad, porque estáis ayudando a un montón de madres a conseguir eso, a apoyarlas en un camino que ellas dentro de ellas lo quieres y a veces no te atreves. Y además muchas veces significa renunciar o salirte o cambiar. Y ese apoyo que hacéis está genial.

Billie: La verdad es que cada historia es un mundo, pero tú te dedicas precisamente también a una parte que es importantísima, que es ayudar a estos niños, porque todo contribuye al final para una familia feliz. Nosotras siempre decimos en Mamis Digitales que si logramos que una madre sea feliz profesionalmente y se dedique a lo que realmente le nutre y le place y además tiene tiempo para estar con sus hijos, no solo estamos haciendo una mamá más feliz, sino que también estamos contribuyendo a la felicidad de los niños porque ellos lo ven, “mi madre está conmigo, está más contenta, está más receptiva”. Cuando somos felices en el trabajo, eso se extrapola a la parte personal. Pero ¿cómo podemos hacer para que nuestros hijos tengan esa autoestima? ¿Cómo se te ocurrió esto de contarles cuentos?

Ana: Pues mira, yo empecé un poco como que te comentaba con frases positivas porque también creo mucho en el diálogo interior, cómo hablamos con nosotros mismos. Me acuerdo que una vez mi hija fue a atarse los zapatos y dice “Uff, esto es imposible”. Es una tontería de ejemplo, pero si empezamos diciendo que atarse los zapatos es imposible… Esa coletilla hay que cambiarla, y no nos damos cuenta, pero esas coletillas que nos decimos a nosotros mismos…  Entonces digo no, no, no, aquí en casa no.  Entonces frases positivas como bueno, pues voy a intentarlo, voy a esforzarme más. Parece mentira, pero si de bien chiquititos cogemos esos hábitos… Lo de las frases positivas lo hago también a nivel de rutinas. Había toda una serie de cosas que yo me veía repitiendo en casa un montón de veces y yo veía que si les hacía un PowerPoint, yo que venía del mundo de marketing y el power point era como la herramienta que más se utilizaba, pues empecé a hacerles power points a ellos, explicándoles de que después del baño hay que cambiarse, y cenar, y por qué nos vamos llorando del parque, bueno, toda una serie de cosas. Ahí ya fui introduciendo el concepto de los de los valores. A ver, aún así he tenido que repetir mucho las cosas. Aquí no hay nada mágico, pero es una herramienta más que ayuda y el hecho de que lo vean, lo visualicen, es importante. Y sobre todo, por ejemplo en mi primer libro, “De mayor quiero ser feliz”, que tiene primera y segunda parte,  al final coges cosas como la confianza, el quererse a uno mismo, cosas que son intangibles, son invisibles. Y con los cuentos, con unas metáforas visuales, lo haces visible, que lo puedan ver. Y eso también ayuda, porque al final son conceptos. Como el agradecimiento: ¿cómo le explicas a un niño cuatro o cinco años el agradecimiento? Es complicado. Entonces los cuentos, haciendo metáforas y viéndolo, les ayuda. Lo que también es verdad es que la mejor forma es con el ejemplo, lo que tú decías, que si al final estás trabajando en algo que te gusta, que estás a gusto, que te sientes productiva, por el que estás agradecida, pues todos esos valores, toda esa positividad, todo eso, pues de donde más lo van a aprender es de los padres, de la madre o del padre que lo ven. Y pasa al revés, si tú estás en un estado constante de frustración, de cabreo, de insatisfacción, pues ellos eso también lo ven. A ver, que aquí también, y esto me gusta decirlo en todas las entrevistas, siempre que me preguntan. No se trata de estar siempre contento, no se trata de estar siempre alegre, porque eso no es real. Y digo yo me sé muy bien la teoría y yo hay momentos en que me enfado, en que estoy disgustada, en que estás triste. Todas las emociones son válidas. La gracia está en cómo las gestionas o cómo navegas a través de ellas e incluso en un momento, porque esto es como un músculo. Si tú estás un poco más apagada o tristona, pues oye, me doy licencia para estarlo un rato, un momento. Pero luego sé que es también mi interés personal que se me pase. Entonces como un músculo, si tú estás acostumbrado a hacer 20 flexiones, si tienes que hacer 25, te cuesta menos que si no has hecho ninguna. Pues lo mismo. Si tú por una noticia o te ha pasado algo y te afecta, pues si estás acostumbrada a decir bueno, venga, voy a ponerlo en perspectiva, voy a no darle la importancia. Y también es verdad que hay momentos donde nos pasan cosas más graves o más tristes y en estos momentos saber pedir ayuda. Porque hay momentos en que por hábito personal nuestro, de “venga, no me voy a quedar todo el día quejándome de lo mismo”, o sea, me quejo, me lo saco, y otra vez al ruedo. Y hay otras veces en que si yo veo que me pesa mucho, que me es muy difícil, pues entonces pedir ayuda ¿no? Porque igual que si te duele la rodilla, vas al traumatólogo, si vemos que la situación me supera, que veo que realmente por mucho que intente ser positiva, por las circunstancias o por mi entorno o por lo que esté pasando, me cuesta muchísimo, pues a todos nos ha pasado, pedir ayuda.

Billie: Qué importante es esto y qué poco lo solemos hacer las madres en especial. Solemos cargarnos con el peso de la familia. Y yo recuerdo la primera vez que pedí ayuda a mi exmarido y fue porque mi hermana me lo dijo. Me dijo “Billie, le he llamado yo al padre de tus hijos, que es y va a ser toda la vida el padre de tus hijos, y le he dicho que necesitabas ayuda. Y me ha contestado Es que Billie es una persona que no levanta la mano y yo no sé nunca cuándo necesita ayuda y cuándo no”. Y yo recuerdo esta frase, se me quedó muy grabada en el corazón pensando “claro que sí, por qué no, si es el papá de mis hijos” y es una persona que siempre va a querer la felicidad para sus hijos. No me va a negar la ayuda nunca. Pero claro, tampoco puedo pretender que sea adivino y que diga “Oh, Billie necesita ayuda”. Pues no. Entonces siempre tenemos personas que están dispuestas a ayudarnos.

Ana: Totalmente. Hay un libro muy conocido, “Los cuatro acuerdos”, seguro que habréis oído de él. Y uno de ellos, no sé si el tercero, dice que no demos las cosas por supuestas. A veces pensamos “ya verán que estoy sobrepasada, ya verán que no doy”. No, porque muchas veces justamente intentamos llegar a todo y que parezca que lo tenemos controlado, porque somos así las mujeres, ¿no? Aunque no llegue, yo voy a intentar llegar a todo,  y voy a hacer ver que puedo llegar a todo y es como… A lo mejor desde fuera, posiblemente lo tienes controlado, pero no demos por supuesto que el que te pueda ayudar, te va a ayudar. Se pide ayuda como cuando le pides a la vecina sal, pues vas y se lo pides porque si no… Normalicemos que pedir ayuda no es pedir un favor o pedir una cosa. Tú pides ayuda porque la necesitas y es bueno hacerlo.

Billie: Y que pedir ayuda no es sinónimo de que seamos peores, o que no lleguemos a ser totalmente nada, ni que seamos malas madres, ni que seamos nada.

Ana: Totalmente.

Billie: Pedir ayuda es normal y todo el mundo, y esto aprendámoslo. A mí me gusta mucho, soy capricornio como tú, competitiva y muy tesonuda, y me gusta mucho observar a los hombres, porque los hombres tienen otra manera de… Ellos, mira, ahí hay un hay un estudio en Google en donde en sus puestos de trabajo que abrían a la gente interna, se dieron cuenta de que cuando publicaban una oportunidad de mejora laboral, los hombres optaban a esta oportunidad cuando cumplían el 60 por ciento de los requisitos de la oportunidad, y las mujeres solo optaban cuando cumplían el 100 por ciento. Y la respuesta del hombre es “Oye, ya aprenderé el otro 40”. O sea, yo quiero ese puesto de trabajo y las mujeres, “No, es que me piden esto y no como no lo tengo mejor no voy a por ello”. A mí me gusta esta parte, de decir “vamos, no pasa nada si no cumples con todo”. 

Ana: Yo creo que nos auto exigimos, ¿no? Y pensamos que lo que debe hacer una madre entre comillas, ¿no? Lo que yo debería controlar es hasta aquí, y nos damos cuenta de que en realidad ese listón está aquí, con lo cual está altísimo. Como diciendo realmente lo normal es llegar hasta aquí, pero en nuestra cabeza eso está cada vez más arriba. Entonces, no queramos hacer más de lo que humanamente es posible. Hay momentos donde llegas más o llegas menos, y yo creo que ahí nos sale un poco la madre protectora que debe hacer más, y no siempre más es más. Porque al final llega un momento en que si te sobrecargas, si estás de mal humor y todas estas cosas, pues… Mira, lo estoy diciendo y me reconozco yo en momentos en que, lo que decimos, que aunque sabiéndonos la teoría, lo hacemos. Pero bueno, es bueno hablar de ello para recordarnos esto. Es importante. No tiene que recaer todo sobre nosotras. Y no se trata de mejor o peor madre, no es un concurso de puntos, de cuántas cosas hago. Uno tiene que hacerlo lo mejor que puede y pedir ayuda cuando es necesaria. Pedir ayuda, no solo ayuda con los niños, pedir ayuda para una misma.  Si tú ves que mentalmente estás agotada, pues a lo mejor ahí hay que hacer todo un trabajo. Y eso también es importante. Está el trabajo físico, de gestión de los niños, de lidiar, que acabas agotada, y luego está el ejercicio mental que hacemos. Y a veces también tener hijos te remueve toda una serie de cosas internamente, que es una oportunidad para trabajarlo, crecer y conocerse a una misma.

Billie: Ana, tu último libro, “El cuento de la luna” enseña también un poco de autoestima y yo estuve mirando tu Instagram, y bueno, esa frase que pones en el libro “¿Sabías que la luna se ve a veces también de día? Explícanos un poquito esta reflexión y cómo llegaste a ella.

Ana: Pues mira, que la luna sale de día es algo en lo que me había fijado y pues no le daba mayor importancia. Pero desde que escribo cuentos siempre pensé que podría ser una cosa interesante, daría para un cuento. No tenía para nada la idea, pero decía “me parece curioso”. Porque la luna se supone que sale de noche y el sol de día, el abecé que nos han explicado de pequeños. Y ahí está la luna en pleno día. No le di más importancia. Y un día, realmente como pasa en el cuento, con mi hijo me pequeño, le dije ¿veis la luna? Y me preguntó ¿y por qué sale la luna de día? Y dije allí  “esto da para un cuento”. Entonces claro, como no podía ser de otra forma, lo tenía que asociar a algún mensaje de positividad, de autoestima, de empoderamiento. En este caso el mensaje de la luna tiene que ver con nuestra voz interior. Y lo importante es que esto es otro tema que yo intento trabajar mucho en realidad en todos mis cuentos, de la importancia de lo interior, mi voz, mis emociones, mi opinión. Porque vivimos en una sociedad donde parece que lo de fuera, la opinión de los demás, los likes de los demás, lo que tienen los demás, lo que se compran, lo que hacen, lo que viajan, como todo un mundo exterior, y realmente el que nos va a dar felicidad, el que nos va a dar calma, nos va a nutrir, es el interior. Entonces en todos los cuentos, y en este de una forma más explícita, hablo de eso, de la importancia de lo interior versus lo exterior. Muchas veces se dice “no, es que hoy en día los adolescentes, las redes sociales” que es otro melón, da para otro tema, mail, pero me refiero, no esperemos a la adolescencia para hablar de estos temas. Son cositas como decía, de los hábitos, de atarme los zapatos, uf, eso es imposible. Desde bien chiquititos podemos empezar ir inculcando estas cosas. Lo que dicen los demás no es lo importante, qué es lo que tú piensas, qué es lo que tú sientes. Está presente en todos mis cuentos, porque al final les estamos preparando para el día de mañana. O sea, lo de la adolescencia, lo de adultos, empieza desde chiquititos.

Billie: Qué bien. Me encanta que estemos pendientes de esta voz interior y también que les dejemos expresarse, así que espero que este cuento ayude a inspirar a un montón de niños y de madres y padres para poder transmitir esta autoestima que es importantísima. Has escrito otro también, he visto en tus perfiles donde también hablas del bullying,¿ no? Que es otro tema que también daría para otro podcast. Pero qué importante también es acercar a los niños a esta etapa, que desgraciadamente también cada vez se vive más, ¿no?

Ana: Totalmente. Ese libro se llama “Vamos a llevarnos bien”. Y realmente yo este libro… Tenía muy claro, incluso cuando mis hijos eran chiquititos, que lo quería escribir. Porque el tema del bullying, del acoso escolar, de hecho yo pienso, estamos igual o peor que cuando yo fui a la escuela. ¿Cómo puede ser que hemos inventado los iPhones que hacen absolutamente de todo tecnológicamente, se puede viajar por la luna, y a nivel de bullying, que es donde los niños se van a formar el día de hoy, la convivencia social, no hemos mejorado absolutamente nada, sino al revés, hemos ido a peor. Y lo mismo cuando se habla del bullying, se piensa mucho en eso, los institutos, los casos. Y digo no, hay que trabajar en primaria e infantil si me apuras. Y de hecho mi cuento, que son tres historias desde el punto de vista de un niño que llamo “los niños que no sonríen”, que son los niños que lo sufren, los niños que molestan a los otros y los niños que miran hacia otro lado porque no se atreven a decir nada porque si no me va a tocar a mí. no, Es un problema de la sociedad. Y de hecho mi libro no es un libro para el que sufre bullying. Mi libro es un poco para todos. Porque digo yo, tan importante es que mi hijo no sufra bullying como que no lo haga y que se junte con otros niños para ayudar al que lo está sufriendo. Al final es un ejercicio para todos. O sea, el que se quite el bullying es algo que nos va a beneficiar a todos como sociedad. Y es un libro enfocado a primaria, para ya ir hablando de estas cosas. Hay cosas que si en primaria se permiten o se hacen ciertas cosas, eso va escalando para cuando ya están en el instituto o en secundaria. Si lo atajamos, lo acortamos antes y sí  es un tema que a mí me preocupa, me preocupa muchísimo y de ahí que escribiera este cuento.

Billie: Pues me encanta. Vamos a poner todos los enlaces de todos los cuentos de Ana aquí mismo, en las notas del episodio de hoy para que puedas encontrarlos. También pondremos el enlace a su Instagram para que puedas seguirla y conectar con ella. Y Ana, vamos a finalizar esta entrevista haciéndote una pregunta y es ¿qué es lo que te han enseñado tus tres hijos?

Ana: Buf. Pues mira me han enseñado muchísimas cosas, la verdad, yo creo que la maternidad es otro aprendizaje increíble, ¿no? Pero yo diría que una de las cosas es la paciencia, que no era uno de mis puntos fuertes y la sigo trabajando. Luego el amor incondicional. Tanto yo hacia ellos que es un amor que hasta que no tienes hijos no lo sientes. Y luego que ves que ellos, incluso el día que tú te enfadas, o el día que pierdes los papeles, o el día que esto, el amor incondicional que ya saben que tú pides perdón,  hoy mamá hoy se ha enfadado y he gritado, y ellos no, algo que a los adultos también nos cuesta más, no pasa nada mamá. Ese amor incondicional que ellos también sienten por nosotros. Eso es superbonito.  Además un poco el tener hijos te cambia un poco las prioridades, ¿no? Yo antes tenía una serie de prioridades y ahora pues se cambiaron completamente. Esto también es superbonito. Luego también hay como una dicotomía de que ellos, para mí, son lo más importante, pero no quita que también tengas que ser tú importante para cuidarles a ellos. Y eso también es un ejercicio de equilibrio. Hasta que tienes hijos, tu mundo al final va en ti, tu carrera, tu trabajo, tus cosas. Y cómo de una forma totalmente altruista, todo eso no es importante, es ir con ellos. Pero no hay que perder la esencia de uno. Ese equilibrio de las tres cosas. No sé si me he explicado muy bien cómo puedes dejar de ser tú tu centro, pero aun así tampoco te puedes olvidar de ti misma. Buscar el equilibrio que no siempre es fácil.

Billie: Ana, ha sido un auténtico placer tenerte en este podcast, contar tu historia y saber que estás ayudando a cientos y miles de niños a ganar autoestima, seguridad y eso contribuye a niños más felices. Así que gracias por estar aquí.

Ana: Muchísimas gracias a ti, Billy. Ha sido una auténtico placer y a todas esas mamis y esos padres que están ahí en ese camino, mucha fuerza y mucho ánimo y que seguro, seguro que encuentran su camino, que es al final a lo que hemos venido.

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