¿Te imaginas tener un buen trabajo, con un buen sueldo pero no sentirte feliz?

 

Amaya trabajaba como directiva en una institución española pero sentía que no era el camino que quería seguir.

Tuvo la oportunidad de irse con su familia a vivir a Estados Unidos y durante unos años se dedicó exclusivamente al cuidado de sus hijos.

Hasta que llegó el momento en que quiso volver al mundo laboral, pero sabía que no iba a ser un camino fácil si también quería seguir cuidando de sus hijos.

Y ahí fue donde empezó su proyecto “Relájate y Educa”.

Un proyecto que empezó en 2017 y que ha hecho que la conciliación en su familia sea una realidad.

Descubre esta apasionante historia y conoce como Amaya ha conseguido su sueño: sentirse realizada profesionalmente con su propio proyecto y a la vez poder seguir con el cuidado y la educación de sus hijos, organizando su tiempo como ella quiere.

Además, Amaya nos contará trucos para aplicar en la educación de nuestros hijos para poder así educarlos desde el amor, sin castigos, sin gritos y sin chantajes, para tener una buena vida en familia.

¡No te lo pierdas!

 

Enlaces mencionados en este episodio:

Página web: https://relajateyeduca.com/

Comprar libro: https://www.amazon.es/Rel%C3%A1jate-y-educa-Amaya-Miguel/dp/8418582626

Instagram: https://www.instagram.com/relajateyeduca/

 

Transcripción de la entrevista

Billie: Hola a todas, aquí estamos ya con un nuevo episodio aquí en Madres Reinventadas, con el placer enorme de contar con una invitada muy especial, que estoy segura de que además nos dará un montón de ejemplos y de casos específicos para poder tener una mejor relación con nuestros hijos. Se trata de Amaya, de Relájate y Educa. Amaya es formadora, es conferenciante internacional. Además también es autora de un reciente libro y con ella vamos a hablar de todo este tema, de cómo educar con el amor. La verdad que son temas muy, muy, muy interesantes, sobre todo para todas nosotras, mamás que queremos tener unos hijos que nos hagan caso y no queremos estar dando gritos todo el tiempo. Amaya, bienvenida a Madres Reinventadas.

Amaya: Hola, estoy encantada de estar aquí contigo y con todas vosotras, porque creo que estamos un poco todas en el mismo camino, estamos intentando emprender o emprendiendo, sacando adelante una familia, preparando la comida, poniendo lavadoras y bueno, son muchas cosas. A veces siento que estamos en el circo y lo bonito es que se pueden sacar adelante.

Billie: Amaya, antes de empezar, porque la verdad es que tengo un montón de preguntas para ti, vamos a empezar por la más importante y es ¿cuántos hijos tienes y cómo se llaman?

Amaya: Tengo tres hijos. El mayor se llama Mateo, tiene trece años. La siguiente se llama Inés y tiene once. Y la más pequeña se llama Ángela y tiene nueve años.

Billie: Bueno, tú ya empiezas con la adolescencia, ¿no? Supongo que cuidadísima para ver que me des algunas consejas porque yo tengo en la familia cuatro, dos de 16 y dos de 14, así que ya te podrás imaginar cómo estoy con el tema de la adolescencia.

Amaya: Si estás más dentro que yo, ya estoy en las puertas todavía, estamos empezando.

Billie: Bueno, Amaya, cuéntanos un poquito ¿cuál ha sido tu historia? ¿Cómo has llegado a dedicarte hasta dónde te dedicas y qué hacías antes de tener a tus tres hijos?

Amaya: Yo trabajaba en el mundo de la cultura, en algunas instituciones españolas. Me formé, hice un posgrado en Estados Unidos en arte contemporáneo para comenzar a hacer curaduría de exposiciones y fui directivo en una institución española y colaboraba con otras instituciones. Me quedé embarazada, tuve a mis dos primeros hijos y seguía con este trabajo en la dirección de una institución que no me satisfacía del todo. Tengo que decir que es un trabajo que hacía bien, pero había algo que no… No era, no era yo o no era para mí, o no era el camino que quería seguir. Me pagaban bien. Tenía un buen horario porque lo adapté a la vida familiar, pero había algo que no. Mi marido y yo nos habíamos conocido estudiando este posgrado en Estados Unidos, pero la relación había comenzado en España y ambos quisimos irnos como familia al extranjero. Él encontró un trabajo y en ese momento nos fuimos a Estados Unidos y yo dejé de trabajar. Dejé de trabajar y me dediqué unos años a la crianza de los niños. Escribí algunos libros que nadie me publicó, aunque los mandé a muchas editoriales. Libros de ficción. Y me ocurría que la gente me preguntaba sobre cómo trataba yo a mis niños. “Oye Amaya he visto que haces esto”. “Oye Amaya, hemos visto que tus hijos se comportan de esta manera”. “Hala, pero mira qué bien te han escuchado”.  Y de manera muy orgánica, de manera muy natural, acudían a mí a preguntarme cosas. Todo informal. Cuando nos cambiamos de sitio de Estados Unidos a Inglaterra, mis hijos ya eran un poquitín más mayores. Yo esto creo que a muchas de las oyentes les estará pasando, les habrá pasado. Para mí era difícil no ganar dinero, aunque para mi marido no era un problema porque él valoraba mucho lo que yo estaba aportando a la familia y me lo hacía sentir de manera explícita para que yo me quitara este malestar. Pero para mí era muy difícil no ganar dinero. Yo siempre he sido muy autónoma, desde muy jovencita y de pronto compartir el sueldo de mi pareja para mí era duro. Creo que no es racional y que no debería ser así, pero a mí me ocurría esto emocionalmente. Y decidí que tenía que trabajar ya. Y además quería salir del ámbito solo doméstico y empezar a trabajar. Y me di cuenta de que los trabajos a los que yo podía optar en Londres si quería tener pocas horas de trabajo para seguir dedicándome a mis hijos, no iban a ser trabajos que me produjeran la satisfacción que yo quería obtener. No iba a tener la responsabilidad que a mí me apetecía. No iban a ser suficientemente creativos, de manera que un día decidí que yo iba a crear mi propio proyecto. De hecho, no lo decidí yo, me lo dijo una amiga. “Amaya, deja de depender de otras personas. Tú tienes la capacidad de emprender un camino, inventártelo tú y hacerlo”. ¿Y yo que sé, pero qué me dice esta chica, alguien que me conoce muy bien? Y algo se fue moviendo y empecé a mirar online modelos que se pudieran adaptar a algo que yo pudiera ofrecer, que no sabía lo que era. Y así fue como decidí crear Relájate y Educa, que es un proyecto que empecé en 2017. Está yendo muy bien. Está creciendo cada año. Tengo muchos alumnos. También tengo seguidores, pero tengo muchos alumnos que son muy leales. Han conseguido grandes cambios en su vida personal y me siguen acompañando. Es un proyecto precioso y tengo que decir para todos aquellos que estáis en este camino, que yo empecé esto porque quería tener independencia económica y quería empezar a trabajar sin depender de nadie. Pero los beneficios que me ha dado van muchísimo más allá de estos primeros objetivos que yo tenía, pero muchísimo más allá.

Billie: Amaya, en tu proyecto Relájate y Educa hablas precisamente de esto, de cómo educar desde otro punto de vista, sin gritos, sin chantajes y sin castigos. Yo he visto un poquito ya tu libro, he leído para documentarme para esta entrevista y la idea no sé si te vino de observar la educación en el colegio de tus hijos en Estados Unidos. Cuéntanos un poco el tema este de las canciones y como hacían.

Amaya:  Mis hijos iban a un colegio que es un colegio especial, con una metodología especial, se llaman colegios Waldorf o colegios Steiner, dependiendo de la zona del mundo donde estés. En estos colegios no dan instrucciones a los niños cuando son pequeños. Los niños estaban en el kínder, en infantil, y no les decían “ahora os laváis las manos, oye Pedro, que estás al fondo de la fila, ponte en la fila, venga, niños”. ¡No! Los profes empezaban a cantar una canción que era la canción de lavarse las manos y había otra canción que era la canción de ponerse en la fila y había otra canción que era la canción de recoger. Y los niños en cuanto oían la canción y veían al profesor que lo hacía con ellos, que empezaba a moverse para empezar a hacer la actividad que quería que los niños hicieran, los niños se ponían a hacerlo. Es un colegio donde nadie gritaba, los adultos no gritaban y no daban órdenes, no usaban el imperativo normalmente. Y a mí esto me pareció magia. Y yo pensé “yo quiero tener esto en mi familia. Yo no quiero estar todo el día diciéndoles a mis hijos haz, haz, haz. Y no, no, no” que es lo que muchos de nosotros hacemos con mucha frecuencia. Empecé a utilizar las canciones y son magia, funcionan. Y a veces hablo del flautista de Hamelín que toca una melodía y los niños le siguen. Se los lleva del pueblo, desgraciadamente, pero yo les digo a mis amigos, a los lectores del libro, a mis alumnos, a mis seguidores, tienes que encontrar tu melodía y tu melodía no tiene por qué ser hostil, no tiene por qué tener tensión, no tiene por qué tener agresividad. Puede ser una melodía basada en el juego, basada en las canciones, basada en los cuentos. Y para que esto funcione tiene que haber mucha complicidad con el niño, tiene que haber equipo, tenemos que conseguir construir equipo en casa.

Billie: Pero esto, a ver, suena muy bonito. Pero qué pasa cuando tus hijos… Claro, tus hijos vienen de un cole en donde esto se aplica y quizá lo han recibido desde pequeños, pero ¿qué pasa cuando tus hijos son mayores y tú quieres decidir dar este cambio? ¿Es posible?

Amaya: Siempre es posible mi experiencia… Tengo la suerte de trabajar con miles de familias, y mi experiencia me dice dos cosas. Una, que el cambio siempre está en el adulto, no en el niño. Nosotros tendemos a buscar causas externas a lo que no va bien. Es que mis padres me educaron de tal manera, es que mi pareja solo grita. Es que mi hijo es muy revoltoso, o me insulta o me pega. Siempre hay razones externas, pero mi experiencia me dice que cuando yo decido cambiar y hacer las cosas de otra manera y relacionarme de otra manera, todo el entorno cambia. Y dos: esto lo he comprobado tanto, lo que os voy a decir ahora… Las familias en las que los adultos gritan más, castigan más, amenazan más y premian más, son las familias donde los niños peor se portan porque se construye mucha resistencia. El niño tiene mucha resistencia. No quiero recoger la mesa y esto me produce una resistencia hasta el número 5. Pero es que me van a echar una bronca, me van a gritar. Entonces tengo una resistencia hasta el 10. El niño no diferencia de dónde viene la resistencia, pero la tensión se le acumula. Cuanta más tensión haya, más difícil va a ser para él recoger la mesa. Y soy yo, el adulto, el que tiene el poder de no añadir tensión a la tensión que ya tiene el niño y rajársela cuando se pueda. Te voy a poner un ejemplo pensando en tus hijos, que a lo mejor son un poco mayores para este ejemplo, pero están por ahí. Mi niño tiene 13 años, se lavaba los dientes perfectamente y ahora ha dejado de lavárselos. Y hay dos maneras de conseguir que un niño se lave los dientes: obligándole, forzándole, enfadándote otra vez. “No te estás lavando los dientes, te lo digo todos los días, qué pesadez, no puedo más”. O jugando, convirtiéndolo en un juego. Y una de mis seguidoras me escribió diciéndome que ella a su hijo de esa edad, para no enfrentarse a él, le llevaba arrastrando por la casa, le cogía de los pies y la arrastraba por la casa hasta el cuarto de baño. El niño riéndose, ella riéndose y al final se lavaban los dientes los dos juntos en el baño. Esta es la diferencia. Yo elijo si cojo a mi hijo de los pies y lo arrastro riéndonos los dos, o si me enfado con él una vez más, porque ahora su cerebro le dice que lavarse los dientes no le interesa. Él hace lo que su cerebro le dice que es. Disfruta, obtén placer. Lavarte los dientes no le da ningún placer. Entonces, en el momento en el que yo elijo usar una estrategia de juego, el niño va a interiorizar la conducta positiva. Va a haber menos tensión en casa y te van a seguir mucho mejor. Por eso, cuanto menos gritéis, cuanto menos castiguéis, cuanto menos amenacéis, más os van a seguir vuestros hijos. Estoy segura, porque no va a haber tanta resistencia. No van a estar de mal rollo, como decimos en España.

Billie: Wow, qué bonito es de verdad, algo que toca aplicar sin importar la edad de tus hijos. Pero a ver, aquí estamos dirigiéndonos a mamás que como tú, todas han elegido, o quizá no lo han elegido todavía y están escuchando este podcast porque tienen esa necesidad de reinventarse. Yo creo que también está muy asociado el momento, cómo tú te sientes, lo que has dicho tú, yo no me sentía cien por cien plena en el trabajo. Y es a veces pasa que lo pagamos con nuestros hijos, o sea que llegamos a casa frustradas porque o no estamos bien en el trabajo o estamos invirtiendo muchas horas… Y al final, pues la verdad es que lo que menos ganas tenemos es de ponernos a jugar con nuestro hijo y quizá es más fácil gritar ¿no? ¿Tú has visto algún tipo de relación entre estar feliz en tu trabajo y poder hacer este tipo de disciplina más relajada con nuestros hijos?

Amaya: Bueno, la realidad es que cualquiera puede hacer la disciplina relajada si se trabajan a sí mismos. Y una de las cosas que yo hago es que tú te trabajes, que intentes conectar contigo, que te priorices, que te cuides, que cambies tus prioridades y que a lo mejor te exijas un poco menos. Alguien que tiene un trabajo tenso lo puede hacer. Muchos de mis alumnos lo hacen. Ahora bien, si tú estás trabajando en tu casa y te levantas un momento y pones una lavadora porque tus hijos están en el colegio y la lavadora ya está puesta y sigues trabajando y vienen los niños, y mientras están los niños sabes que puedes estar con ellos, porque tu trabajo es tan flexible que puedes retomarlo después cuando se acuesten. Eso es una maravilla. Ayuda muchísimo. Cuando a mí alguien me pregunta por conciliación familiar, siempre pienso que la conciliación es lo que yo tengo. Esta es la conciliación. La conciliación es poder trabajar el sábado por la mañana porque el horario me lo invento yo y el sábado por la mañana mis hijos están con el padre para que yo pueda trabajar. O conciliación en mi caso es, yo vivo en Italia, pero somos españoles y mi familia vive en España, pasamos el verano en España, dos meses. La conciliación es poder llevar a los niños a España y poder estar con ellos y poder trabajar desde la piscina con mi ordenador mientras les veo que se están bañando y jugando con sus amigos. O sea que realmente cuando antes decía que me ha dado unos beneficios el inventarme mi propio proyecto, que exceden con mucho lo que yo había imaginado, para la vida familiar esto es una gozada. Yo estoy contenta porque gano dinero y me va muy bien económicamente. Mi pareja también porque ve que hay más dinero en casa que antes. Seguimos teniendo un equilibrio buenísimo en la familia, porque yo estoy cuando hay que estar. No tenemos que dejar a los niños con otras personas. Podemos viajar. En mi experiencia para la familia todos son beneficios. Yo ya no lo cambio por nada.

Billie: Oye, Amaya, hablemos de miedos, porque yo creo que está muy relacionado todo el tema de la educación con el tema del emprendimiento también que hemos hablado. Qué bonito que podamos decidir desde donde vamos a trabajar, pero muchas veces están los miedos que nos frenan y los miedos a decir no sé si voy a ser capaz, cómo lo voy a hacer. Tú has dicho que necesitas invertir en ti y que es algo que además tú enseñas dentro de tu comunidad a tus alumnos. ¿Cómo o que técnicas haces para ayudarles a que inviertan en ellos y pierdan ese miedo y tengan esa confianza para hacer cualquiera de las cosas?

Amaya: Mira, una de las cosas que hacemos y que yo os invito a hacer a todas las que estáis ahí, a todas las mamis digitales, es que empecéis a conectar con vosotras mismas. Que sepáis quiénes sois. Porque no lo sabemos, no tenemos tiempo para saber qué necesito, qué deseo, qué me viene bien y qué me viene mal, qué me ayuda y qué no me ayuda. ¿Quién soy? Esta es una de las cosas que hacemos. ¿Cómo consigue uno conectar consigo mismo? Lo primero, apagando esto. Estamos todo el día enganchados al…. Algunos no me estáis viendo, he enseñado mi teléfono móvil. Algunos pasamos tanto tiempo delante del móvil recibiendo estímulos que realmente no nos aportan nada o viendo series de Netflix una tras otra todos los días que no nos da tiempo a escucharnos. Otra cosa es que alguien esté escuchando este podcast, que yo elija el tipo de contenido que me ayuda a pensarme, que me ayuda a crecer, que me ayuda a formarme internamente, eso sí, pero yo lo voy a elegir. Qué escucho, cuándo lo escucho y durante cuánto tiempo.  No voy a estar, cada vez que tenga tres minutos en la parada de autobús, intentando llenarme de estímulos externos que me impiden estar en contacto conmigo misma. Otra cosa: seguir mi intuición. Tenemos las intuiciones completamente enterradas. A veces escuchamos una vocecita pequeña aquí en la parte trasera de nuestro cerebro y nos dice algo. “¡Hay algo que no va bien, hay algo que no va bien!” y la tapamos enseguida. Y yo creo que hay que amplificar esa voz. Hay algo que no va bien. ¿Qué es? Voy a escucharlo. Voy a atenderlo. Luego hay otra cosa que yo creo que es muy importante también, que es ser honesto conmigo mismo y para ser honesto tengo que revisar mi discurso interno. Os voy a poner un ejemplo. Tú decías antes, Billie, que muchos de nosotros decimos no voy a ser capaz, no voy a ser capaz, no voy a ser capaz. Y este mensaje es tan fuerte, tan fuerte, que nos ha creado unas autopistas neuronales en el cerebro que realmente mi cerebro se comporta como alguien que no es capaz. Porque es que hay una autopista, están las neuronas todas alineadas para decirme todo el rato “no voy a ser capaz, no puedo”. Tenemos que ser honestos y pensar esto es real o no es real, o simplemente es que me lo repito tanto o me lo ha dicho mi entorno tanto que se ha creado esta red neuronal. A lo mejor no es cierto. ¿Qué hacemos nosotros? Cambiamos este mensaje. Es como resetear un ordenador. Cambiamos este mensaje e implantamos otro mensaje y nos lo repetimos para que nuestro cerebro empiece a actuar de esa manera. Entonces, en lugar de decir “no soy capaz, no puedo, esto es muy difícil”, podemos decir algo de este tipo: “Soy una mujer comprometida. Sé que es lo que deseo. Cada día, siempre que tenga la oportunidad, voy a hacer todo lo que esté en mi mano para empezar ese camino. El camino de lograr lo que yo quiero”. Esto te lo escribes o te lo pones en el móvil y te pones tres alarmas en el móvil, cinco alarmas en el móvil y cinco veces al día te repites a ti misma este mensaje: “Soy una mujer comprometida. Sé lo que quiero y cada vez que tenga la oportunidad voy a trabajar para empezar ese camino”. Esto cambia completamente el chip porque no es “sí puedo” sino “Voy a hacer lo que tengo que hacer”, o sea, voy a ser responsable para ir hacia el lugar al que quiero ir. Porque decir sí puedo sí puedo está muy bien, pero hay veces que, vale, sí puedo, pero ¿qué tengo que hacer? Eso no es suficiente. Me comprometo a formarme, Voy a ver quién me puede ayudar. Voy a ver qué tengo que cambiar en mi vida para llegar a mis objetivos. Voy a tomar responsabilidad y voy a actuar. Cada día te lo repites. Yo actúo, yo actúo. Y luego hay otra cosa de sentido común que no sé si lo enseño o no lo enseño… Bueno, hay dos cosas importantes. Otra: cambiar tus prioridades. Tú quieres emprender, quieres empezar un negocio, conoces a Billie, te encanta, sabes que te puede aportar mucho, pero es que los cojines del sofá están desordenados y además tienes que preparar de comida primero, segundo y postre, porque eso que llevas haciendo toda la vida. Si los cojines son tan importantes y comer primero, segundo y postre todos los días en la comida y en la cena es tan importante, esas son tus prioridades en este momento. No vas a continuar por el camino que a lo mejor Billie te está ofreciendo. A veces hay que cambiar nuestras prioridades y simplificar la vida. Bueno, pues tres días a la semana vamos a cenar muy sano, pero cenas sencillas, cenas frías y a partir de ahora voy a cocinar muchísimo y lo voy a congelar para que haya algunos días en los que no tenga que cocinar. Y además voy a quitar los cojines del salón. Va a estar más feo mi salón, pero así no voy a estar pensando en que los tengo que ordenar. Voy a simplificar mi vida. ¿Para qué? Para ocuparme de lo que realmente es prioritario, que es encontrar, seguir el camino que yo quiero seguir en este momento.

Billie: Me encanta porque es verdad que hay veces que como mujeres queremos llegar a todo, hacerlo todo superbien. Y luego pasa esto, que a lo mejor dejamos algo que realmente es importante en ese momento, como una reinvención profesional o como algo que nos va a dar la felicidad a posteriori y por cosas que a lo mejor no aportan tanto valor como lo que has dicho. Turno en el tres platos al día, estar todo el día metida en la cocina no sé cuántas horas. Entonces reorganizar y poner orden a nuestras prioridades es muy importante y saber qué podemos también pedir ayuda, ¿no? ¿Cómo hacemos en el caso, Amaya? Porque me interesa un montón, imagínate que queremos la colaboración de la familia, pero no queremos ninguna de las tres cosas que has dicho antes. No gritar es fácil porque ya sabemos que hay que gritar, no está bien. Pero a mí me interesa esto del chantaje. ¿Cómo hacemos para no chantajear? Porque es verdad que todos caemos. Bueno, venga, si limpias tu cuarto te dejo ver una hora de televisión o estar más rato con tu móvil, o si apagas el móvil antes tienes esto. ¿Cómo hacemos para cambiar esto y hacer que colaboren en casa sin, sin gritos y sin peleas?

Amaya: Bueno, yo creo que depende aquí un poco de la edad de los niños, pero hay una serie de estructuras que son importantes. La primera es que tengas muy claro lo que vas a pedir y que ellos también lo tengan claro. No solo “tienes que recoger tu cuarto”, sino qué días y en qué momento del día. Si tienes un niño de 2 años, a lo mejor recogéis todos los días antes de la cena y lo hacéis juntos como un juego. Si los niños son de 14 y de 16 años como los tuyos, a lo mejor podéis acordar recoger un día a la semana. Tu cuarto puede ser una leonera, puede estar horrible, pero los domingos a las 2 de la tarde tiene que estar ordenado. Es lo único que te pido. Con niños mayores acordarlo con ellos. ¿Cuándo te viene bien a ti que tu cuarto esté ordenado? ¿Cuántas veces a la semana podrías sobrevivir ordenando tu cuarto, una o dos? Más de dos no, porque es demasiado, pero una o dos. ¿Y qué día quieres que sea el día en el que pasamos revista? Y esto lo acuerdas con ellos, con niños mayores. Con niños de más de 9 o 10 años, hay cosas que se pueden se pueden acordar cuando para ellos sean muy difíciles. Es importante la regularidad, porque muchas veces les decimos a los niños sólo puedes ver una hora de móvil, por ejemplo, al día, pero luego tú estás liada haciendo no sé qué y les dejas que sea una hora y media y al día siguiente te sientes culpable por haberles dejado hora y media y les dices “oye, hoy solo 40 minutos que ayer estuviste mucho”. Es esto da una sensación de arbitrariedad y de falta de seguridad que no ayuda a nadie, no te ayuda a ti porque tú tienes que estar tomando decisiones constantemente, cuánto móvil le dejo hoy, y no les ayuda a ellos porque si un día les dejas hora y media, al día siguiente van a empujar y si otro día les dejas cuarenta minutos, saben que también pueden empujar porque no hay una norma reglada, no hay una estructura fija que nos dé seguridad a todos. Entonces yo os recomiendo que las cosas más complicadas, recoger, el uso de las pantallas, los dulces, que tengáis todos muy claro, muy claro qué es lo que hacéis en la familia. Por ejemplo, en mi casa los dulces son en los cumpleaños, en los nuestros y en los de los niños que les invitan. Pero un martes normal no hay, no hay caramelos. Las pantallas en mi casa son los domingos por la mañana, una hora, ahora ya una hora y media y no hay más. Si a mí un martes me dicen “Mamá, podemos jugar a videojuegos”, pues digo, pero si ya sabes que no, y no hay más. De hecho no me lo piden porque llevan 13 años el mayor con esta estructura, los domingos por la mañana podemos ver vídeos o jugar a videojuegos. Bueno, 13 años no, porque han empezado muy tarde. Pero es importante que haya un mapa muy claro que todos los miembros de la familia lo conozcan y cuando algo se hace muy cuesta arriba y los niños son mayores, llegar a un acuerdo con ellos. Y cuando son mayores y hay una consecuencia, se puede hablar con ellos de las consecuencias. Oye, si tenemos una discusión cada día para apagar el móvil, ¿qué hacemos? Vamos a sentarnos, Vamos a pensar qué hacemos cuando haya discusión. Si hay una discusión gorda un día por apagar el móvil, acordamos que al día siguiente, para evitarnos la discusión, no lo usas. Y con niños de más de 10 u 11 años, esto funciona porque ellos van a participar en la solución. Y algo importante es nuestra presencia. Nosotros nos creemos que como nuestro hijo tiene dieciséis años o diez o incluso seis años, puede hacer las cosas solo. Y es verdad. Físicamente puede apagar el móvil, puede apagar la tele, puede recoger su cuarto. Emocionalmente no. No es capaz. Necesita nuestra presencia. Necesita nuestra ancla. Tu niño de seis años se va a vestir muchísimo mejor si estás con él cuando se tiene que vestir para ir al cole, porque vestirse le da una pereza horrible. Pero es que además se está vistiendo para ir al cole, que por mucho que le guste el cole, es una transición difícil. En cambio, si tú estás con él en ese momento va a ser mucho más sencillo y a veces no tenemos tiempo para estar con el niño cuando se viste. Pero puedes llevar al niño a la cocina, la ropa a la cocina y el niño se viste a tu lado, a lado de tus piernas, mientras tú estás terminando de preparar el desayuno. Y tu hijo de 16 años que tiene toda la capacidad del mundo para recoger el cuarto, no le gusta nada recoger. Si tú estás con él, pones música, esa música horrible tuya porque eres muy mayor y esa música guay, maravillosa suya porque es lo que se lleva ahora, si pones música de las dos, solo de la suya, a veces de la tuya para que te pueda criticar, bailáis un poco, recogéis juntos y tenéis un buen momento de conexión, a lo mejor le resulta más sencillo.

Billie: ¡Qué bonito! Voy a aplicar un montón de todo lo que has dicho, Amaya, superinteresante todo y yo os recomiendo a todas que si queréis conocer a Amaya un poco más, pues vayáis a su web relajateyeduca.com. Ahí tiene también el enlace de su libro, que es muy interesante si queréis empezar por ahí y comprarlo en Amazon y leerlo. De hecho en mis pendientes es una de las cosas que tengo para empezar a seguir todos tus consejos. Amaya, para finalizar esta gran entrevista, quiero preguntarte qué es lo que te han enseñado a ti tus tres hijos, Mateo, Inés y Ángela.

Amaya: Esa es una pregunta dificilísima, Billie, sabía que me la ibas a hacer y es una pregunta temida. Porque no solo me enseñan cosas, sino que además me obligan a tener experiencias que de otra manera no tendría. Si ellos se tiran desde una roca alta al agua, pues yo me tiro también, porque si yo no me tiro, ellos no lo hacen. Entonces me empujan a hacer una serie de cosas que yo no habría hecho y que luego les agradezco mucho. Mis hijos me han enseñado a colocar el amor en el centro de cualquier relación humana importante, que el amor esté. Y me han enseñado algo que ahora aplico en muchas relaciones. Es muy difícil, yo lo enseño, y me parece que para mí ha sido… No siempre lo consigo hacer, ahora os lo cuento, pero para mí ha sido un gran regalo como persona, como humana. Me han enseñado a no reaccionar de manera automática ante los estímulos que me ponen nerviosa. Mi hijo hace algo que no me gusta y en lugar de reaccionar de manera automática, yo ahora elijo cómo quiero actuar y elijo actuar desde el amor. Esto, desde que lo he aprendido… Mi hija no hace lo que yo quiero y yo en lugar de enfrentarme, que es lo que me sale, como si fuera una leona, veo cuál es la mejor manera para para que ella esté bien y para que saquemos adelante lo que haya que sacar adelante. Con amor, con respeto, con conexión, sin hostilidad, sin tensión, sin agresividad. ¡Y esto es un respeto tan grande! Yo ahora soy capaz de tratar a mi pareja, por ejemplo antes era más impulsiva, ahora le trato con muchísimo más cuidado, con mucho más respeto, con mucho más cariño. A mis padres también. Y esto es un regalazo. Y me lo han enseñado ellos, pero me han enseñado también otra cosa y es a que el malestar no me dure. Los niños se enfadan y a los cinco minutos se les ha pasado. Te odian y de pronto, a los cinco minutos, te aman otra vez. Están en el presente. Están en el aquí y en el ahora. Y eso es maravilloso. Eso también me lo han enseñado. Pero ¿sabes qué, Billie? Que si te dijera todo lo que me han enseñado y fuera de niño en niño, tendríamos para hacer otra entrevista como esta o más larga todavía.

Billie: Es verdad, nos enseñan cada día algo nuevo y es lo más maravilloso de ser padres. Así que Amaya, de verdad, de corazón, muchísimas gracias recomendando aquí y os recuerdo que en los apuntes de este podcast tendréis el enlace de la web de Amaya, el enlace al libro para que podáis consultarlo. Y muchísimas gracias por haber aportado a este podcast de Madres Reinventadas.

Amaya: Muchísimas gracias a ti, Billie, ha sido realmente un placer, he disfrutado mucho este rato contigo y os mando un fortísimo abrazo a todas las que estáis escuchándonos.

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