¿Te has sentido alguna vez frágil como el cristal? Así se sentía Tamara cuando decidió reinventarse y trabajar por su cuenta. El acoso laboral que había sufrido no le permitía enfrentarse a posibles problemas.

Tamara trabajó en una empresa del sector logístico durante 10 años, creció personal y profesionalmente allí y era feliz en su puesto. Todo cambió cuando empezó el proceso para ser madre, su supervisor directo, de manera muy sútil, empezó a tratarla mal.

El acoso fue en aumento cuando se quedó embarazada y la confianza y autoestima de Tamara se fueron viendo afectadas. Cuando su trabajo en esa empresa terminó, se sintió liberada pero se dio cuenta de que tenía por delante un largo camino para recuperarse.

A día de hoy, Tamara ha conseguido que sus ojos vuelvan a brillar y está dando pasos para conseguir su objetivo: trabajar por su cuenta y sentirse orgullosa de ello. 

 

Enlaces mencionados en este episodio

Perfil Instagram: www.instagram.com/cm.tamaramaroto

Transcripción de la entrevista

 

Billie: Hoy tenemos en este episodio del podcast a Tamara Maroto, Tamara es una mami que se ha reinventado profesionalmente y que tiene una historia que estoy segura de que te va a interesar y además te va a inspirar. Así que bienvenida Tamara a este podcast.

 

Tamara: Hola Billie.

 

Billie: Encantada de tenerte por aquí Tamara. Vamos a empezar con la pregunta más importante y es ¿cómo se llaman tus peques?

 

Tamara: Pues tengo dos peques, dos niñas, Elsa que tiene cuatro años y Alma que tiene 16 meses.

 

Billie: Muy pequeñita todavía… Vamos un poquito a conocer tu historia de reinvención, Tamara. Vamos a hacer ese viaje en el tiempo y te voy a llevar hasta antes de que tuvieras a Elsa. Y cuéntame un poquito,  tú ¿qué estabas haciendo antes de tener a tus hijas? ¿En qué trabajabas, cómo era tu día a día?

 

Tamara: Pues yo me he dedicado a la logística, estudié comercio internacional y entré en una transitoria muy importante y estuve allí diez años, Hice varias cosas pero sobre todo estuve dedicada a un cliente chino de telefonía móvil y llevábamos mercancía a nivel España. La verdad es que crecí con él porque entré con 23 añitos y salí con 33, así que crecí allí y aprendí muchas cosas y me gustó mucho porque es un trabajo muy dinámico, que tiene siempre retos, la verdad es que me gustó mucho, aprendí muchísimo allí.

 

Billie: Tamara, cómo cambió tu situación en el trabajo a partir de que te quedas embarazada y decidiste ser mamá?

 

Tamara: Bueno, un poquito antes, porque yo tenía problemas para tener bebés. Yo tengo endometriosis entonces después de intentarlo bastante tiempo me tuve que operar. Y ahí, a raíz de la operación, ya tuve problemas con mi supervisor directo, con mi jefe directo, porque a ver, sabían de qué me había operado y sabían lo que venía después, que era ser mamá. Cuando me incorporé después la de la operación, ya empecé a tener problemas. A ver, yo llevaba diez años dedicada en exclusiva a un cliente y él acababa de entrar hacía muy poco, entonces de forma natural yo sabía más cosas sobre el cliente. Y él, en vez de utilizar mis conocimientos en su beneficio, se dedicó a infravalorarme, a desprestigiarme, y eso a raíz de la de la operación. Una vez que me quedé embarazada fue brutal. Empieza muy sutil, saben el tipo de persona, pues yo me quedaba mucho tiempo, soy muy perfeccionista, me gusta mucho trabajar en equipo. Entonces yo compartía toda la información con total inocencia y porque me parece la mejor forma de trabajar, y al final siempre se usaba en mi contra. O se la adueñaba él, desprestigiándome  a mí. Al principio fue muy sutil: no, tú no sabes, siempre está mal hecho cuando lo haces tú… No lo percibes, tú sigues esforzándote por el bien de… Yo crecí con ese cliente, para mí ese cliente era como mi bebé, porque yo había crecido con él, él conmigo. Nos conocíamos tanto la gente del departamento de clientes como yo, entonces… Vale, lo estoy haciendo mal, puede ser, me he equivocado, diganme la forma. Entonces a esforzarse, esforzarse,  y siempre está mal, mal. Al final, inconscientemente, te va minando y te vas creyendo que la culpa es tuya, que tú lo haces mal y que tú no quieres trabajar bien. No sé cómo explicarlo, pero lo consigue. Estaba yo embarazada de cuatro o cinco meses y ya era brutal el acoso, la forma ya incluso eran algunos gritos, nunca insultos, porque eso es algo muy directo que puedes denunciar, evidentemente, pero ya era… No me dejaba pensar la respuesta, se me preguntaba y en el momento en que tus dudas un poco de toda la información que tienes, ya era “tú no sabes, no te quieres poner, no le prestas interés, tus compañeras lo hacen mejor” y era así un acoso constante. Me llegó a poner trabajando él a mis espaldas mirando mi ordenador. Claro, así era. Era constante, a lo mejor estaba trabajando y de repente me pegaba un grito “ponte a trabajar”. O sea, era estar en alerta, en tensión y en problemas, que te lo crees. Crees que es culpa tuya. Crees que tú lo haces mal. Y además, claro, con la explosión de hormonas, yo, embarazada de cuatro o cinco meses, conseguí darme la baja porque me dio ciática, porque cada vez que él me hacía algo así, yo tenía contracciones por el nivel de tensión. A los cuatro o cinco meses conseguí mi baja por ciática, gracias a mi marido, que me acompañó al médico de cabecera y me dijo “Cuéntalo todo”. La médico de cabecera me dio baja por embarazo de riesgo por la ansiedad que yo sufría. Ya disfruté de mi embarazo, disfruté de mi baja de maternidad, pero siempre con esa sombra de “tengo que volver, va a ser peor”. Eso, ese runrún, esa ansiedad, que aunque yo estaba feliz con mi primer bebé, acechó. Mi incorporación fue dura, fue muy dura. Y continuó, continuó. Una vez me incorporé, continuó.

 

Billie: ¿Y hasta qué momento? ¿Fue un momento en donde tú dijiste basta?  ¿O al final te despidieron?

 

Tamara: Pues a ver, yo cuando me incorporé, en una de las reuniones… No sé por qué, pero es verdad que cuando te conviertes en mamá te cambia el chip y te vuelves un poco más leona o más luchadora. Y entonces yo veía que llegó un punto en el que yo tenía tal ansiedad que no podía cuidar de mi bebé cuando estaba en casa. Y en una de las reuniones que tuve con él le planté cara y él me reconoció delante de una compañera y de nuestro director de departamento, que él me trataba de forma diferente conscientemente y que me trataba mal. Y nadie hizo nada. Nadie. Miré a mi director en plan… No sé. Y hubo un silencio. Terminó la reunión, salí de la sala, llamé a Recursos Humanos, Recursos Humanos y me dijo “bueno, tú ya sabes cómo es este hombre, si sigues adelante quizá vaya a ser peor”.

 

Billie: Hasta te estaban invitando a salirte. ¿Al final renunciaste?

 

Tamara: Bueno, simplemente esto es lo que hay, si lo quieres bien y bueno, pues estas son las condiciones del juego. Entonces, bueno, por suerte o por desgracia, empezaron negociaciones con el cliente pues había que renovar contrato y el cliente empezó a peligrar. Así estuvieron un año y ya este hombre, que vio lo que iba a pasar, se cambió de departamento y yo respiré. Lo que pasó fue que el cliente se fue con la competencia y me despidieron al cabo del año. Pero si no, pues era a ver quién aguantaba más, claro.

 

Billie: Me impacta seguir escuchando historias como la tuya, Tamara, porque yo te conocí en un evento que hicimos y vi ese momento en el que tú estabas, quizá frágil, bastante frágil, porque esto nos afecta emocionalmente de una manera que… Quizá al principio tampoco somos capaces de decir no, o de mirar hacia adentro y decir mira, me está pasando esto, y no somos capaces de tomar la decisión. Porque si tú tuvieses que volver a repetir todo este proceso, ¿te hubieras ido antes de esa empresa?

 

Tamara: No lo sé, porque al final yo llevaba diez años allí. Me gustaba mucho mi trabajo. Me encantaba estar con mi cliente, era muy exigente, muy perfeccionista, lo que quería lo quería para ayer y a mí me suponía un reto todos los días y eso me gustaba. Y al final ya llevaba diez años allí. Y bueno, yo tengo mi indemnización. Si me voy, me voy con una mano delante y otra detrás. No es justo porque yo he invertido aquí muchísimo tiempo. Había etapas en las que yo trabajaba de 8 o 9 de la mañana, hasta incluso 12 de la noche. O sea, yo he invertido aquí mucho tiempo, mucho cariño. Yo he aprendido muchas cosas, pero no es justo que yo me vaya. Yo creo que no me iría, pero sí le tendría que haber plantado cara antes. Desde el primer momento. No hay que permitir el “bueno, no quiero el conflicto”. No, no, es que nadie tiene derecho a tratar a nadie así por una de dos, o por tú subir tu ego, o porque tienes miedo de que la otra persona te haga sombra. Bueno, pues trabájatelo tú. No hagas de menos al de al lado. No sé qué detonó en él ese trato hacia mí.  No lo sé. No sé si es porque él no permitía que una mujer supiese más, o es que en realidad le daba igual, que una persona supiese más, o simplemente eres mamá. Yo negocié una jornada intensiva, entonces ya no trabajaba hasta las 9 de la noche, trabajaba hasta las 4, 4 y media, al final 5. Pero bueno, yo era “Yo me voy, yo me voy, hago esto, pero me tengo que ir, tengo mi vida y mi tiempo para ti”. ¿Qué lo detonó? No lo sé. ¿Qué cambiaría? El haberle hecho frente. No me puedes tratar así. Y entonces tú no te dañas. El problema es que es ¡tan sutil! Yo luego fui a un psicólogo de la comunidad que me dieron el contacto. Y me dijo que era el mismo tipo de maltrato que sufren las mujeres maltratadas por sus maridos psicológicamente, porque empieza que tú no te das cuenta, es muy poquito. Tú tienes esa voluntad de querer hacer lo mejor, de trabajar, de estar en equipo, de “a mí los conflictos no me gustan”, en un ambiente bien, a gusto. Entonces tú pones todo de tu parte y ahí es donde se aprovechan y siguen y te piden más. Si consigues detectarlo es hacerlo frente.

 

Billie: Claro, no esperar a que vaya a mayor. Tamara, cuando llegó este momento del despido, obviamente te planteas y ahora qué, ¿no? ¿Qué hago con mi vida? ¿Cómo decidiste esta reinvención que tomaste?

 

Tamara: Bueno, yo salí, empecé a buscar trabajo de lo mío, pero en mi interior, yo no podía. Si me hubiese salido, hubiera trabajado. De hecho, me contrataron después de dos entrevistas, hice dos entrevistas, me cogieron, cuando dije que estaba embarazada de dos meses me dijeron que ya no podía empezar. Y en el fondo sentí alivio porque yo no me veía capaz de volver a una empresa privada, de volver a tener un jefe, de “Ahora yo tengo, voy a tener dos hijas voy a tener dos personitas a mi cargo, yo ya no puedo quedarme las horas”. Entonces era ese enfrentamiento, porque es un sector que te obliga a trabajar de más, la mercancía viaja 24 horas, 7 días a la semana, entonces viene trabajo para no parar.  Yo no me veía capaz. Decía “¿y si me vuelve a pasar?” No, yo no tenía fuerzas para enfrentarlo, yo no estaba bien y tenía mucho miedo. Al final la verdad es que sentí alivio cuando no salió, pero claro, algo tenía que hacer. Y me atreví. Me dije “¿pues por qué no? Pues trabaja sola, no dependas de nadie. Solo te lo tienes que demostrar a ti”. Siempre me ha gustado la creatividad, la publicidad. Y dije “Bueno, puede ser posible”. Creo que es lo que mi mente, mi cuerpo me pidió en ese momento. No estás bien. No podría hacerle frente a otro conflicto laboral, que al final los hay con una compañera, con un compañero, con un jefe. O sea, es una convivencia. Pero estaba tan inestable, me sentía tan de cristal que cualquier cosita creo que me iba a hacer muchísimo daño. Bueno, pues vamos a apostar una misma. ¿Por qué no? O sea, no tengo nada que perder, no tengo que dejar un trabajo porque no lo tengo. Y bueno, yo tenía dos años de paro entonces. Bueno, pues vamos a intentarlo, vamos a apostar. ¿Qué sale? Pues maravilloso. ¿Qué no? Bueno, pues te tienes que sentir orgullosa de haberlo intentado.

 

Billie: Tamara, tu camino no ha sido fácil. Yo he seguido de cerca tu reinvención y quiero destacar en ti esa constancia y ese esfuerzo que has puesto desde que te conozco. Me gusta ver tu cara ahora porque veo que lo estás consiguiendo y que obviamente no, quizás todavía no estás en donde quieres estar. Pero veo que te brillan los ojos y esto es la alegría de estar consiguiendo lo que estás consiguiendo, ¿no? Cuéntanos un poquito por lo que has pasado y cómo. ¿Qué personas han sido clave para que pudieses llegar hasta donde estás ahora?

 

Tamara: El primero, mi marido. De hecho, fue el que me animó. Yo le conté el proyecto de Mamis, pero era como… no, era como este miedo de “¿Y si me equivoco? ¿Y si no sale?”  Voy a invertir dinero, tiempo, tenemos dos niñas… Y entonces era como… Yo soy muy “Ay Dios mío, no” Y él me dijo sí, hazlo, hazlo, puedes. O sea, él cree más en mí que yo. Y se lo debo sobre todo a él. Él dijo venga, vamos. De hecho ahora se me ha acabado el paro, tengo dos clientes, los ingresos todavía van allí, y él dice “No pasa nada, es un momento de apuro. Sigue, sigue porque lo estás haciendo”. Ya tengo dos clientes. Él, sobre todo es el “sigue”. Y bueno, luego el motor son mis niñas. Lo hago por ellas. O sea, el privilegio. Yo ahora tengo una situación difícil con mi bebé y considero que es un privilegio que pueda compaginarlo con mi trabajo, que no dependa de pedir favores, ni de pedir vacaciones. Puedo estar con ella, puedo acompañarla y puedo estar con la mayor. El otro día se fue de excursión. Pues yo esperé a que se fuese su autobús y le hizo mucha ilusión. Es estar presente con ellas, acompañarlas de la manera que sea, y esto me lo permite. Entonces esto también me da mucha energía. Es duro, pero porque yo no dispongo de todo el tiempo que debería para sacarlo más más rápido. Pero es que el motor es ver que puedo estar con ellas. Y mi marido que cree más en mí que yo misma. Luego bueno, pues tu familia se alegra. Tengo a mi cuñado que me va buscando también clientes por su trabajo, y todo el mundo está supercontento. Cree que se puede hacer. Veamos, los principales son mi marido y ver que puedo estar con mis niñas, por ellas.

 

Billie: Me encanta, qué bonita tu historia Tamara, y me encanta lo que dices, que no se valore tanto el hecho de poder dedicarles el tiempo que se merecen nuestros hijos. Muchas veces estando en una empresa tradicional, pues a lo mejor sí tienes que faltar, o tienes que esperar a que salga de excursión tu hija y todas estas cosas te las vas perdiendo. Así que son los pequeños momentos los más importantes. Tamara, desde que tomaste la decisión de reinventarte hasta que viviste el proceso… Recuerdo hablar contigo y decías “Es que se me acaba el paro”… Hasta ahora, ¿qué crees que ha cambiado en ti? O sea, ¿qué habilidades crees que has desarrollado gracias a todo este proceso que has vivido?

 

 Tamara: He ganado confianza en mí, que era lo que yo necesitaba y lo que me habían robado. He ganado mucha confianza. He perdido la vergüenza porque a veces voy a puerta fría, me presento en un comercio, les hablo de mí, de lo que yo hago, de lo que he visto en ellos. Y antes eso me parecía impensable. Entonces he ganado confianza en mí. Me lo creo. ¿Por qué no? ¿Qué hacen los demás? Si los demás pueden, ¿por qué yo no? Tardaré más. Tardaré menos. Lo haré de una manera. Lo haré de otra. Pero ¿por qué no? Es que simplemente es eso, es creer en uno mismo, en tener la confianza en que sí puedes. De la manera en la que tú puedas o quieras. Al final las circunstancias de cada uno son las de cada uno, pero qué más te da tardar “x” o tardar “y”. Es llegar. Entonces ese clip es quizás el que me ha cambiado. “Pues ya llegaré, pero voy a llegar”. Es lo que más he aprendido en Mamis, aparte de todo lo que nos enseñáis y la metodología. Pero creo que nos aportáis… Al final, cuando te conviertes en mamá, muchas veces es como que te quedas a un lado, que te olvidas, te centras en tu familia, tanto en tu marido como en tus hijos, y te olvidas de quién eres y de qué es lo que quieres y de qué es lo que te motiva. Porque toda tu energía y tu atención es ello. Y nos enseñáis a “No, no, tú tienes tu espacio, tú puedes y lo vas a conseguir. Lo que tardes, como sea. No estás sola, pero confía en ti, porque si has hecho el mayor proyecto que es cuidar y criar unos niños, convivir con una pareja que, oye, cada uno tenemos nuestras manías, nuestros días, y llevar todo eso adelante y ser feliz… ¿Por qué no vas a poder con esto? Vamos. Es lo que me llevo y lo que sigo aprendiendo con vosotras.

 

Billie: Qué bonito, qué bonito! Tamara, me encanta tu energía, tu ilusión y tus ganas. Ya estoy deseando volver a entrevistarte dentro de unos años y que me digas todos los clientes que estás llevando y lo feliz que eres.

 

Tamara: Ojalá.

 

Billie: Tamara, para quien quiera conocerte un poquito más, donde te podemos encontrar?

 

Tamara: En Instagram, CM. TamaraMaroto, pues ahí estoy para para ayudar a quien lo necesite.

 

Billie: Muy bien, pues pondremos el enlace al perfil de Tamara de Instagram dentro de las notas de este episodio. Tamara, para finalizar esta entrevista me gustaría preguntarte ¿qué es lo que te han enseñado tus hijas?

 

Tamara: Uff, pues muchas cosas, pero creo que lo principal es que me han enseñado una parte de mí que no conocía, que es la del amor incondicional. Me han enseñado que soy luchadora, que yo no lo sabía. Y relativizar mucho las cosas. O sea, al final lo importante en esta vida… El dinero es material, sí, lo necesitas para vivir. Pero es verdad que no es lo que hace feliz. Al final todo se relativiza mucho y vas a la esencia, que es que todos estemos bien y que tengamos salud y que de verdad nos queramos, que podamos estar juntos. Teniendo eso, las dos cosas las puedes disfrutar, son importantes el día a día, pero sobre todo el relativista. Yo creo que a veces se nos va mucho la cabeza, “Ay porque no tengo, ay, porque el de al lado”… Es que es todo mucho más simple.

 

Billie: Muchísimas gracias, Tamara, por haber estado aquí, por haber compartido este espacio y por contar tu historia, porque estoy segura de que ayudará a muchas mujeres que quizá están pasando por una situación similar a la que pasaste tú y les puedes ayudar a tener esa confianza y a tomar esa decisión antes. Así que gracias, gracias.

 

Tamara: Gracias Billie por la oportunidad.

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