Si pudieras adelantar el tiempo, ¿cómo te gustaría verte dentro de seis meses?

 

Nuestra invitada de hoy tiene sus sueños y propósitos futuros bien claros.

 

Alejandra Soto, la entrevistada de esta semana, es mamá de tres. 

 

El nacimiento de su primer hijo, fue el primer gran cambio en su vida, Alejandro tiene autismo y le hizo descubrir las otras mujeres que habitaban en ella.

 

Una mujer valiente y luchadora, que ya existía pero que no había despertado.

 

Y más tarde, nacieron sus dos gemelas, que le hicieron resurgir su parte más creativa.

 

Cada hijo le ha dado una lección de vida distinta.

 

Y lo más importante, le han dado el valor para reinventarse profesionalmente, porque si mamá es feliz, sus hijos también.

 

Conoce la historia de esta mamá guerrera y descubre cómo se ha reinventado y sus futuros proyectos.

 

¡Dale al play y no te pierdas su historia!

 

Enlaces mencionados en este episodio:

Instagram: https://www.instagram.com/community_manager_almarex/

Transcripción de la entrevista:

Billie: En la entrevista de hoy contamos con la historia de reinvención de Alejandra Soto. Alejandra bienvenida al podcast Madres Reinventadas.

Alejandra: Hola Billie, y gracias a vosotros por invitarme.

Billie: Bueno, felices de tenerte aquí. Felices de poder contar tu historia y de poder charlar un poquito contigo y de que seas inspiración para muchas otras madres que quizá también están en este camino, que tienen dudas o que están iniciando su proceso de reinvención. Así que antes que nada, cuéntanos cómo se llaman tus hijos.

Alejandra: Mis hijos se llaman Alejandro, que es el mayor y  Amanda y Rebeca que son mellizas y tienen 10 años.

Billie: Alejandro… ¿Y Alejandro qué edad?

Alejandra: Tiene 14. 

Billie: Amanda y Rebecca, ¿verdad? Pues oye, tres y dos mellizas wow, seguro que tienes trabajo en casa, además de la adolescencia y todo… Está bueno. Cuéntanos un poquito cómo ha sido tu proceso de reinvención, ¿qué hacías antes? Vamos un poquito hacia atrás en el tiempo antes de tener Alejandro. ¿A qué te dedicabas y cuál era tu carrera profesional?

Alejandra: Vale, nos vamos a ir bastante atrás. Yo fui madre con 27 años. Durante toda mi etapa, antes de ser mamá, siempre he trabajado de cara al público. He trabajado de dependienta, he trabajado también para una revista, haciendo entrevistas con micrófono en mano por la calle, azafata de congresos. Bueno, he ido haciendo un poquito de todo, de lo que me iba saliendo y quizás lo que echaba en falta en esa época de mi vida era estabilidad laboral. Iba rodando de un lado a otro y lo que me iba saliendo lo iba cogiendo. Mi profesión en ese momento era comercial, dependienta y era de lo que ejercía normalmente, pero realmente ninguno de esos trabajos eran afines a lo que eran mis pasiones o mis propósitos de vida. Aún me quedaba muchísimo por descubrir sobre mí. Entonces, cuando nace Alejandro, ahí hay un primer despertar en mí. Alejandro nació con autismo. Entonces, ahí comenzó un viaje inesperado para mí, en el que empecé a quitarme máscaras y a descubrir mujeres que habitaban dentro de mí que hasta ese momento desconocía. Mujeres luchadoras, mujeres guerreras, mujeres detectives que hasta ese momento parecía que estaban dormidas. Simplemente estaba la semilla ahí, pero no había germinado. Y con Alejandro hubo una revolución dentro de mí. Y si yo entonces era una persona que… bueno, no se defendía o muchas veces no contestaba a algo que me sentaba mal con Alejandro todo cambio. Empecé a defenderme, empecé a picar puertas, empecé a poner a la gente en su sitio y toda esa fortaleza la saqué de él. Luego llegaron mis mellizas Amanda y Rebeca. Y con ellas surgieron otras mujeres que habían dentro de mí también. Digamos que Amanda y Rebeca despertaron en mí cosas que estaban dormidas, pero que siempre habían existido. Yo en el colegio era una niña muy creativa, siempre dispuesta a ayudar, con muchas ideas. Me gustaba ser la cabeza la cabecilla de grupos o de juegos de los que todos los niños querían formar parte porque eran divertidos. Por un tiempo de mi vida dejé de ser así. Pero con mis hijas volvieron a formar parte de mi persona. Volví a ser creativa. Volvía a escribir. Volvía a dibujar. Quizás por la demanda de ser dos niñas también muy creativas como yo, volvió a resurgir en mí el coger un lápiz y empezar a dibujar, el hacer cuentos, enseñarles todo lo que yo sabía, compartirlo con ellas. Entonces, en cierto modo, mis hijas me rescataron y sacaron la esencia que yo siempre había tenido. Vale, las mellizas tienen diez años, y en 10 años, imagínate, esto ya fue un no parar. Una vez yo desperté, eso ha sido progresivo cada año, cada vez quería más. Yo siempre he trabajado por cuenta ajena. En mi casa hacían falta los dos sueldos para mantener a tres niños. Alejandro necesitaba ir a terapias que eran caras, por lo tanto, yo tenía que ir a trabajar. Tuve la suerte de que mi madre se pudo hacer cargo de ellos y cuando los coloqué la guardería ya liberé a mi madre y yo ya pude ir más tranquila a trabajar porque sabía que los tenía el colegio. Pero qué pasa, que ahí  vino la primera renuncia como madre. Dejo de estar con mis hijos porque tengo que meter un sueldo en casa y además tengo que meter un sueldo haciendo un trabajo que no me gusta, que no me llena en absoluto y que no desarrolla mis talentos. Pero como muchas madres que me están escuchando, tenemos que trabajar. Y parece como que está mal pensar “es que yo quiero trabajar de lo que me gusta”  o “yo quiero hacer esto”. Muchas veces pensamos “ya tuvisteis tiempo de hacerlo antes de ser madre, haberlo hecho antes”, ahora no es el momento o ya lo haré, pero no, porque si yo… Llevo esa manera de pensar. Primero que no soy feliz. Eso lo transmites en casa. Y llegas a casa y , “Mamá, ¿que te pasa? ¿Estás cansada?”, “Mamá, ¿que te pasa? ¿Estás triste?”  y bueno, a un niño de 10 años o uno de 14 no le vas a explicar tus anhelos internos o lo que te sucede, ¿no? Pero tú sabes perfectamente que estás renunciando a cosas que te gustaría hacer, pero por tema económico no lo haces. Entonces este año, después de la pandemia del año pasado, nos encerraron, nos pegaron en seco nuestra rutina, el modo piloto que tenemos todos cada día de levantarnos y hacer cosas  nos lo cortaron de cuajo y nos vimos encerrados en casa muchas horas. Con nuestros niños, con nuestros maridos, quien tenga familia, quien no solo, pero tuvimos mucho tiempo de estar con nosotros mismos y de pensar. Y todas esas horas había que ocuparlas haciendo algo. ¿Y qué pasó? Que empecé a hacer todo lo que a mí siempre me había gustado. Empecé a escribir de nuevo porque yo soy una escritora frustrada, yo me considero escritora, pero no ejerzo, es mi gran hobby. Dibujar, ilustración, me encantaría hacer cuentos infantiles también. Empecé a hacer lettering. Todo esto con mis niñas, porque estos intereses a Alejandro no le interesan, pero a mis hijas sí. Y entonces hicimos cosas muy chulas, la verdad. Hicimos cosas muy, muy bonitas. Ellas disfrutaron mucho conmigo haciéndolas. Y ahí hubo un click y dije ¿y por qué no? ¿Por qué no recupero todo eso que a mi me hace feliz? Porque al final el hacer cosas que te hacen feliz es subir la energía, subir la vibración y todo se sale por tus, por tus poros, de tu cara, de tu piel. Transmites que estás feliz y eso es lo que necesitas transmitir a tus hijos, porque si tú no estás bien, raramente puedes ayudar a nadie. Primero tienes que estar tú bien. Entonces, después de todos esos meses, me reincorporé al trabajo y ya no era lo mismo. Volví al trabajo y sentía que echaba de menos aquellos ratitos en casa donde dibujaba o escribía y empecé a runrun, a pensar. Esto no puede seguir mucho tiempo así. Llevo 18 años en esta empresa. Muy agradecida porque me ha permitido un sueldo en mi casa y eso, eso es así. Y a nivel personal ha sido la gran universidad de mi vida, porque he conocido gente maravillosa que a día de hoy son amigos importantes y también gente horrorosa. Y esta combinación de personas han hecho que yo me encuentre en escenarios muy diversos y he aprendido mucho. Yo entré siendo una niña mojigata y y bueno, no tengo nada que ver con aquella cría que entró en esa empresa, pero a nivel laboral el crecimiento cero, crecimiento cero, porque yo tengo unas tareas y no me puedo salir de esas tareas. Me dijeron una vez “te pagamos por trabajar, no por pensar”. 

Billie: Guau.

Alejandra: Claro. Y yo pensando “pero lo que mejor se me da es pensar, es crear”. ¿Qué hago con todo lo que bulle en mi cabeza cada día?  ¿Lo tiro a la basura? ¿Nadie puede aprovecharlo? Qué pena, ¿no?

Billie: Sí.

Alejandra: Y dije “tengo que encontrar la manera de de llevar esto a cabo”. Y nada. Pasaban los meses y este año, sobre primavera o así, tuve unos días complicados, una crisis existencial y cogí una baja. No estaba bien y no estaba para trabajar y decidí tomarme un tiempo para pensar qué quería. Y en ese tiempo apareció publicidad de Mamis Digitales. Mamis Digitales, lo había ojeado hacía unos meses atrás, pero bueno… no le di mayor importancia, leí por encima. Pero en esa ocasión no sé por qué me llegó un mail, si no me equivoco, o en Facebook y dije “vamos a ver esta gente qué me ofrece, vamos a escuchar la propuesta”. Entonces fue cuando me informé, llamé al teléfono que se me facilitó, hablé con Itzía creo que se llama, me explicó el proyecto y dije “Esto es lo que yo creo que puede ser mi salida”. No es algo que haya buscado, sino creo que me ha buscado a mí Mamis Digitales, porque yo sabía que quería hacer un cambio, pero no sabía cómo ni de qué manera. Y apareció esto. Y vi, en una misma propuesta, todo lo que yo quería hacer. Primero, ayudar. Segundo, crear. Compartir. Y sobre todo, hacer magia, porque al final se trata de hacer magia con tus talentos. Conseguir que alguien que es invisible tenga visibilidad, dé alcance a muchas personas gracias a la creatividad de otra. Me parece maravilloso. Entonces, como siempre he tenido esa necesidad de ayudar, de compartir y de estar todo el santo día creando… Porque yo cuando descubrí Canva, madre mía, eso fue como una aventura para mí. O sea, entro ahí y me estaré subiendo las atracciones una y otra vez. Me puedo pegar horas, horas y horas, porque mis ideas no acaban nunca. Y entonces he encontrado hoy un filón importante. Me he dado cuenta de que me puedo pasar horas. Miro el reloj y digo “pero si llevo tres horas haciendo un vídeo”, pero es que no me importa porque lo disfruto. Luego encima lo enseñas al cliente y te dice “me encanta”, lo cuelgas y ves que tiene alcance, dices “Pues entonces creo que estoy por el buen camino”. Y bueno, me reincorporé al trabajo, pero paralelamente estoy empezando con este nuevo camino que he abierto y ya se verá por dónde va. Pero creo que las cosas se caen solas por su propio peso. Las puertas se cierran solas para abrirse otras. Y ahí estoy, en una reinvención totalmente profesional y siempre con ganas de aprender más.

Billie: Alejandra, me encanta cómo lo describes, porque se nota enseguida la pasión que tienes y se nota que aquí sí te dejamos crear, pensar, idear. Entonces bueno, ya cuando uno es feliz en donde está es lo que dices, cambia la energía. Seguramente que esto hasta tus hijos lo están notando, no?  Mamá más feliz. ¿Qué proceso de cambio has visto en tus hijos que repercute también en la felicidad de casa?

Alejandra: Bueno, yo siempre he creído que hay que predicar con el ejemplo. Entonces, sobre todo por mis hijas, sobre todo por ellas, quiero que vean que una mujer, por el hecho de casarse o por el hecho de tener hijos, ahí no se acaba la vida, ni mucho menos. Creo que ahí es donde empieza, porque yo nací con tres interruptores apagados y cada uno de ellos me lo ha ido activando. Uno me ha activado la creatividad, el otro me ha activado la paciencia y el otro me ha  activado la locura. Cada uno de ellos me ha aportado muchas cosas. En el momento en que esos tres interruptores están en “on”, han visto a su madre haciendo cosas muy chulas, se han acercado a mí en el ordenador para ver qué estaba haciendo. Mi hija Amanda, de hecho, ya practica con el Canva y tiene 10 años, porque le alucina lo que hago, quiere aprender de mí. De la otra manera, cuando yo venía del trabajo no tenía nada que enseñarle. De cuando veía mi cara de “mamá, estás cansada, has tenido un día duro” y yo a decirle “pues hija” a ahora que me vea haciendo esto y que vea que su mamá, con 43 años, está intentando dar un giro a su a su vida. También me estoy sacando el carnet de conducir. O sea, que vea que nunca es tarde, que cuando uno se ve preparado y cuando es el momento se tienen que hacer las cosas. Y lo que dejaste aparcado en su día lo puedes recuperar. Solo tienes que esperar a que todo se alinee, porque a veces no depende de nosotros, sino que el universo tiene una perfección y un orden. Y cuando todo se alinea es cuando tú, si estás en el propósito adecuado, despegas y ahí ya no te frena nadie. Y además es algo que lo notas porque nace de ti, es algo que te produce alegría y júbilo en el corazón. O sea, no es algo de la cabeza, viene de más adentro y eso mis hijas lo han percibido porque quieren aprender de su mamá. Quieren que les enseñe a hacer ese video con esa música, como tuerce la foto, como le pone un sombreado. Todo esto les apasiona. Y ahí estamos entre las tres.

Billie: Alejandra, cuáles son tus sueños si pudieras adelantar, ahora vamos a adelantar el tiempo. Si pudieras adelantar el tiempo, seis meses, un año. ¿Tú cómo te ves a nivel profesional, personal?

Alejandra: ¿Cómo me veo? Me veo muy bien. Me veo consiguiendo mis metas. Me veo trabajando para mí. Llevando a cabo todas esas cosas que yo siempre he tenido en mi cabeza y que no les daba forma y que ahora por fin sí que se la puedo dar. Tengo una marca personal que se llama Almarex. Almarex es la fusión de los tres nombres de mis hijos y el mío. Alejandra, Rebeca, Amanda y Álex. Pero la palabra lleva alma, porque el eslogan de mi marca es “Pongo alma a tu negocio digital”. Yo no concibo vender algo u ofrecer algo si no tiene una conexión emocional. No lo concibo. A mí me encanta ver un anuncio y ponerme a llorar. Y a lo mejor el anuncio es de una mutua de seguros médicos o de un coche. Pero según la música que utilice o la conexión emocional que han utilizado en ese anuncio te hace conectar. Entonces, mi propósito sería crear una marca personal. Darle alma a los proyectos o negocios o servicios de las empresas que lo necesiten, que quieran conectar. Y ya yendo más allá, me encantaría que el equipo de Almarex lo formaran niños con autismo, porque creo que son unos cracks en el tema informático, en el tema de que no te discuten nada, o sea, lo que es, es y aportan muchísimo valor. Me encantaría tener a mi hijo en mi equipo porque es muy creativo, muy divertido. Y qué mejor que trabajar en un proyecto de su madre. Y bueno, esa es la idea, también me encantaría ilustrar un libro infantil. Algún día escribir un libro, porque hasta ahora yo no tenía las vivencias necesarias para contar nada. Ahora sí que creo que puedo empezar algo. Tengo un blog y voy haciendo cositas. O sea que me veo, me veo descolgándome  del trabajo por cuenta ajena y haciendo yo lo que siempre he querido hacer.

Billie: Guau! Que me emociona solo de escucharte porque veo todos esos sueños que tienes y es lo que nos alimenta cada día. Así que yo estaré muy pendiente de tu evolución porque estoy convencidísima de que lo vas a lograr. Quiero estar en esa presentación del libro ilustrado cuando lo saques. Y la verdad me genera muchísimo interés lo que has dicho de los niños autistas, porque hay veces que la gente no sabe precisamente qué es esta enfermedad o cómo se trata. Yo he tenido oportunidad de entrevistar, tenemos en Mamis Digitales más de una mami que tiene niños autistas y conozco un poco. Pero lo que has hecho me ha generado curiosidad. ¿Qué cualidades tienen los niños autistas que quizá otros niños no desarrollan? Además que tú lo has sabido ver porque tienes al lado dos hijas mellizas. ¿Qué le ves a Alejandro de diferente y de potencial?

Alejandra: Uf, son muchas cosas. Mira lo que más destacaría es que todos, cuando nacemos, nacemos vírgenes, puros. A medida que vamos creciendo, por lo que vemos en la tele, la información que nos llega, nos van corrompiendo poco a poco. Cuando ya llegas a la adolescencia todavía más y cuando ya eres adulto, tenemos muchas cosas feas, emociones como la envidia, la competencia, los celos, la ambición. Esto, un niño autista desde que nace hasta que es adulto, se mantiene puro y se mantiene blanco, como digo yo, No le afecta en absoluto lo que haga el de al lado. No siente envidia. No siente rabia. No sabe lo que es pedir perdón porque él no se enfada con nadie. Entonces, esos valores, cuando se trabaja en equipo, a veces es complicado, por lo que te decía, porque la sociedad nos tiene constantemente compitiendo. Estos niños no. Van a lo suyo. Tú les das una misión a hacer, la ejecutan sin cuestionárselo. Tienen una capacidad que no tenemos nosotros de memorización, se llega a decir que incluso pueden llegar a ver objetos en 3D, que pueden llegar incluso a escuchar los colores o a oler la música. En casos de autismo con el síndrome del sabio, es un mundo realmente fascinante. Pero lo que más destacaría de los niños autistas es la bondad, la transparencia. Valores que se van perdiendo y que ellos siempre te están recordando, que no te olvides quién eres y que por mucho que llegues a donde llegues, todos venimos del mismo sitio, todos somos iguales y todos tenemos un talento, sólo hay que descubrirlo y desarrollarlo. Y ayudarnos, porque tenemos que ayudarnos y ahora más que nunca.

Billie: Wow Alejandra, bueno, me has dejado realmente fascinada con tu historia, con tu entrevista y con todos esos sueños que tienes por cumplir. Así que pondremos aquí en los enlaces de este episodio todos los enlaces para que podáis contactar con Alejandra, con su marca personal, con todo lo que hemos mencionado también. Y Alejandra, espero de verdad volver a entrevistarte dentro de unos meses y que nos cuentes todos esos sueños ya hechos realidad.

Alejandra: Gracias Billy. Gracias a todas.

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