Laura Croas vivía en el mundo del “tengo qué”.

Tengo que estudiar esta carrera, tengo que casarme, tengo que trabajar en una multinacional.

Hasta que llegó el día que decidió parar y preguntarse a ella misma qué es lo que quería en realidad.

Ella conoce bien qué es la reinvención profesional.

Años después, puede presumir de trabajar en lo que le gusta, como psicóloga y coach familiar 

 

¿La clave? Aprender a escucharse.

 

En la entrevista de hoy, Laura nos enseñará y nos dará los trucos para aprender a escucharnos a nosotras mismas, a cómo gestionar el miedo y la culpa y cómo pasar a la acción, cuando tenemos definido nuestro propósito.

Estamos seguras que aprenderás mucho con ella, nosotras la escucharíamos durante horas.

 

¡No te la pierdas! Dale al play y conoce su historia.

 

Enlaces mencionados en este episodio

Página Web: http://www.lcoach.es/

Perfil Facebook: https://www.facebook.com/LauraCroaspsicologa

Perfil Twitter: https://twitter.com/LateCoaching

 

Transcripción de la entrevista

Billie: Bueno, hoy tenemos una invitada muy especial en este podcast de Madres Reinventadas. Se trata de Laura Croas. Laura, voy a dejar que te presentes con nuestra comunidad, porque además de ser psicóloga, coach, tú también has tenido una historia de reinvención profesional y queremos que nos la cuentes. Así que bienvenida Laura a este podcast de Madre Reinventadas.

Laura: Buenos días a todas. Es un placer para mí estar aquí con vosotras y ser parte de esa comunidad tan bonita y que hacéis un trabajo tan estupendo para ayudar a un montón de mujeres. Entonces, sí, yo he tenido también una historia de reinvención por así decirlo. Empecé siguiendo un poco a Disney, Walt Disney, los cuentos… Yo me casé muy jovencita, tuve niños muy jovencita y seguí un poco la carrera que dictaba mi familia, que yo creía que era lo mejor para escuchar las palabras mágicas de mi padre, “estoy orgulloso de ti”. Entonces yo hice todo lo que se supone que haría para escuchar esas palabras que por más que era la mejor de mi promoción, que empecé la carrera y estaba sacando buenísimas notas, que fui consiguiendo un trabajo como la norma, por lo menos la norma conservadora de mi familia, que era en una oficina en una superempresa multinacional de 9 de la mañana a casi 9 o 10 de la noche. Y cuando me vi envuelta en todo eso y que además tampoco obtuve las palabras mágicas, pues en un momento de mi vida paré y dije ¿qué estoy haciendo aquí? ¿Qué es lo que quiero? Si yo lo que quiero es ir a recoger a mis niños al cole y llevarles, despertarles por la mañana y tener quizás lo que yo no tuve en mi infancia, que es cuidar de mis hijos, disfrutar de dar un paseo por el parque y sobre todo tener la sensación de que yo manejo mi tiempo, de que no me lo maneja nadie, no me imponen horarios. Entonces, sí, en un momento de mi vida dije pues hasta aquí. Además fue así un poco, estaba sentada en la mesa y dije ¿qué hago aquí? Y me voy sin pensar las consecuencias o lo que vendría después. Luego fueron viniendo los miedos, la culpa, incluso, pero en ese momento lo vi tan claro que dije ya, hasta aquí.

Billie: Nos hemos saltado una de nuestras preguntas estrella, así que antes de seguir, cuéntanos ¿cómo se llaman tus hijos?

Laura: Bueno, pues yo tengo dos niños, para mi son niños, aunque ya son adolescentes, son hormonas andantes. Uno se llama Nico, Nicolás, el mayor y tiene casi 15 años ya el mes que viene, y Pablo tiene 13.
Billie: Ay, mira, yo tengo a Diego de 16 y a Pablo de 14 también. Estamos ahí en las edades divertidas, digámoslo así, de la adolescencia.
Laura: Movidas, cuanto menos. Es la edad de la negociación, todo hay que negociarlo ahora. Pero bueno, otra etapa. Es muy bonita, cada etapa tiene sus cositas, así que esta es otra más.
Billie: Oye Laura, has dicho algo que me suena o me parece muy interesante,  el vivir en un mundo del “tengo que”. Muchas veces es como “Ahora que me toca ser”. Bueno, pues me toca estudiar y ser muy buena en mi promoción. Ahora que me toca, pues me toca casarme, me toca tener hijos, me toca trabajar en una oficina… Y muchas veces tampoco reflexionamos sobre qué queremos, cómo lo queremos, de qué forma queremos vivir nuestra vida. A veces estas decisiones, como tú has dicho, oye, yo la tomé de un día para otro, quizá ya llevabas tiempo reflexionando hasta que te vino la iluminación, ¿no? Pero, ¿cómo podemos hacer para que, o no nos vengan, o sepamos controlar esos miedos, esas culpabilidades que sentimos? Porque claro, el patrón te marca un rumbo y cuando hay gente que te señala con el dedo.
Laura: La rara, ¿cómo vas a dejar tu carrera profesional por cuidar a los niños? ¿Cómo, con el puesto que tienes, con la carrera que tienes?  Bueno, sí, sí, yo me sentí un poco la rara, la diferente, que no era lo normal. ¿Cómo se hace? Lo primero de todo, creo que es muy importante, escucharnos. Porque, como tú bien dices, vamos haciendo lo que toca, lo que debemos, lo que tenemos que, lo que quieren los demás, lo que es para obtener el reconocimiento de uno. Y sin darnos cuenta nos vamos dejando para después. Como “uy, esta vez ya me he vuelto a dejar para después. Uy, esto me lo he dejado para después”. Y si no estamos atentas, porque es verdad que el cuerpo nos va hablando, si no le hacemos caso nos grita en modo de herpes, de tic en el ojo, incluso de ataques de ansiedad. Estas son señales que el cuerpo te dice “por ahí no es”. Yo siempre digo que es como si todos tuviéramos dentro un GPS, ¿no? Que cuando va todo bien, pues el GPS está calladito. Pero cuando el cuerpo habla es que el GPS empieza “pi-pí- recalculando, recalculando”. Porque nos estamos yendo de nuestra esencia, de lo que queremos realmente. Entonces lo primero, escucharos. Si tengo un tic en el ojo, ¿qué me quiere decir esto? Si me siento mal cada dos semanas, ¿qué me quiere decir esto? No estoy en un lugar donde quiero estar. Y ahora, después de que lo identificamos, pasar a la acción.

Billie: Vale, pero Laura, voy a pararte aquí porque estos ejercicios pueden parecer sencillos. Por ejemplo, a mí me dices escúchate y ya más o menos sé cómo hacerlo, pero quizá haya madres que nos están escuchando ahora que dicen sí, sí, yo me quiero escuchar, pero es que no sé cómo, o sea, cómo hago para escucharme. Entonces, ¿qué consejos le darías a una persona que te está escuchando ahora y te dice y qué hago, me siento y espero que alguien me hable o cómo funciona esto de escucharme a mí misma?

Laura: Mira, te voy a contar un truquito que a mí me ayudó bastante y es entender la diferencia entre aceptar y tolerar. Cuando tú estás aceptando algo, lo aceptas sin frío ni calor, lo aceptas porque es así, no te causa nada. Pero cuando toleras algo, cuando toleramos algo, lo aceptamos pero hay una parte ahí, aunque sea muy pequeñita, que me fastidia.  Como yo voy con toda la familia a una heladería y nos compramos un helado y lo quiero de fresa, pero se lo han pedido mi marido y mis hijos y ya no hay fresa para mí. Bueno, no pasa nada, pero yo lo quería. Es muy pequeño, pero ahí sigue. Este ejemplo es una tontería, pero si a lo largo de los días de manera cotidiana vamos tolerando un montón de cosas, eso se va almacenando. Y un día… yo que sé, el mando de la tele es así en vez de así,  o sin darnos cuenta empezamos a llorar y no sabemos por qué. Entonces sí que podemos darnos cuenta qué cosas estamos tolerando. Paramos y decimos, a ver, ¿qué he tolerado en el día de hoy o en el día de ayer o durante esta última semana? Pues qué, creo que lo he aceptado, pero es que un poquito me ha fastidiado. También una señal es cuando nos descubrimos quejándonos mucho, porque el tolerar te lleva a la queja. Entonces, cuando yo me descubro que estoy quejándome, quejándome de… fú, pues es lo que me ha tocado, pues hay que ver cómo está esto, qué mal está el trabajo…  Cuando me descubro quejándome es señal también de que algo no está funcionando. Yo digo también que estamos en modo medusa. Supongo que habéis visto una medusa en el mar. Las medusas no eligen dónde ir. No dicen “ay, qué isla más bonita, qué playa más bonita, voy a ir hacia allí”. No, las medusas van donde les lleva la corriente. Bien, pues cuando nos encontramos con que nos estamos dejando llevar por la corriente, es como, ostras, es que yo no dirijo mi vida, es lo que toca, es lo que me ha tocado en este momento. Entonces eso también es una señal para decir: aquí hay que cambiar algo. Otro truquito es pensar que todos tenemos dentro una niña interior, una niña pequeña, y entonces hablar con nuestra niña, decirle oye, ¿qué quieres hoy? ¿Qué te apetece? Igual que como hacemos con nuestros hijos. Yo siempre digo: igual de maravillosas, que nos salen solas, como somos con nuestros hijos, como los cuidamos, como los queremos, de manera incondicional, como les apoyamos, como hablamos con ellos, aunque hayan fallado. Bueno, pues eso, que lo sabemos hacer tan bien, ¿qué tal si lo invertimos y nos lo hacemos a nosotras? ¿Y entendemos o sentimos que tenemos una niña dentro y empezamos a preguntarnos qué quieres, que te apetece hoy? ¿Qué podemos hacer para encontrarte mejor? Y hacerlo. Hacerlo, que muchas veces nos paraliza la acción.
Billie: Claro, es que es tan importante esto que dices, porque es verdad que muchas madres nos ponemos al final, ¿no? A lo último. Pero a mí también me ha servido mucho el pensar que si me elijo para el principio o si me cuido yo misma, no es un acto egoísta, al contrario. Es un acto de…. Lo que yo estoy haciendo, si yo soy feliz, la gente a mi alrededor va a ser feliz. Lo estoy haciendo por los demás. Porque muchas veces yo creo que es el miedo que tenemos de… Si me voy a dar un masaje esta tarde le estoy quitando una tarde a mi hijo. No. Pues no. Claro, después vienes a casa y estás relajada, contenta, feliz, te has hecho un mimo y esa felicidad la transmites. Entonces yo creo que es cambiar la forma en que lo vemos. No lo estoy haciendo para mí. No es un acto egoísta, es un acto para toda la familia.

Laura: …de amor propio. Yo siempre pongo el mismo ejemplo. Cuando montamos en avión las chicas del chaleco dicen: “Si hay algún problema, la mascarilla, y si viajamos con niños la mascarilla primero se la tiene que poner el adulto”. Evidentemente la mascarilla primero se la tiene que poner la mamá, porque si la mamá no respira es imposible que luego ayudemos al niño a respirar. Es un poco igual. Si yo estoy agobiada, mi hijo va a estar agobiado. Además nuestros hijos son nuestros espejos y es tremendo cómo,  la semana que estoy más nerviosa, más estresada, mis hijos están insoportables. ¡Pero es que los niños soy yo! A ver, paro y me relajo y de repente los niños giran. Entonces es lo que tú dices, no es un acto de egoísmo, es amor propio. Creo que para poder dar amor el tienes que estar llena tú de amor, es evidente. Yo no puedo dar de mi vaso sin mi vaso está vacío. Y además, fíjate que acto también de generosidad, porque les estamos mostrando a nuestros hijos la importancia que tiene el autocuidado, estamos sirviéndoles de modelo. Si no, ellos crean una imagen de sobreexigencia. No, es que mamá tiene que estar, y mamá está, y mamá está. Verás, mamá no siempre puede estar y llegar a todo, básicamente porque no somos heroínas. Entonces, mostrarles a nuestros hijos que no tenemos capa es un acto muy valiente de generosidad y es, creo, un modelo a seguir. Es que tú mañana tampoco tienes que llegar a todo, porque la perfección no existe. Puedes estar un día un poquito más triste, o puedes estar un poquito más de bajón. Que los días grises también existen y nos lo podemos permitir. Si yo me lo permito, le estoy dando derecho a mi hijo, sobre todo ahora que estamos comentando los nuestros, que están en la adolescencia, que las hormonas están un día arriba y otro abajo… No pasa nada. Pero “no pasa nada”, lo van a creer mucho más si me han visto a mí que realmente no pasa nada. Y decir “no, es que hoy me voy a dar este masaje que tanto me apetece para poder llegar por la tarde y estar a tope contigo”.

Billie: Qué bonito, qué bonito! Bueno, pues hemos visto que nos tenemos que escuchar y después tenemos que pasar a la acción, porque está muy bien escucharnos, pero si no pasamos a la acción no hacemos estos cambios que queremos hacer. Entonces, ¿cómo hacemos para pasar a la acción y que no se nos caiga el mundo encima? Porque muchas veces, y en este podcast hemos escuchado muchísimas historias de madres que nos hablan del miedo que las paraliza, que saben que a lo mejor tienen que dejar ese trabajo, o saben que no son felices haciendo lo que hacen, pero les cuesta muchísimo trabajo tomar esa decisión. Entonces, ¿cómo?

Laura: Pues primero tenemos que ver la importancia de la acción y luego ya gestionamos el miedo. La acción es fundamental, es el movimiento. De hecho, vivimos en un mundo cambiante continuamente. A veces nos queremos aferrar al no cambio, pero es imposible. Cuanto más nos aferremos, más vamos a sufrir, porque vivimos en un mundo cambiante. De hecho, nosotras no vamos a ser las mismas cuando salgamos de este podcast que cuando empezamos, pero ni mañana seremos las mismas que ayer o que antes de ayer. Entonces, querer parar el tiempo y querer que no cambie es como si quisiéramos que pare la corriente del río. Vale, la acción es parte de nuestra vida, el cambio es parte de nuestra vida y cuanto más lo interioricemos como natural, antes vamos a poder bailar con ellos. Y esto consiste en bailar, que no pare el baile nunca. Entonces, para pasar a la acción yo propongo crear opciones. Porque si no tenemos opciones, estamos muertos. Si tenemos una opción solamente es como una obligación y la obligación no es nada bueno. Siempre tenemos que sentir que somos nosotras las que elegimos, porque ahí está la libertad, en elegir y la felicidad y la tranquilidad están en esa sensación de “yo elijo”. Entonces, una opción es una obligación. Dos opciones es un dilema: hago A o hago B, que tampoco es muy allá. Tres sí. A partir de tres opciones es cuando podemos elegir. Entonces lo primero para pasar a la acción es generar opciones. ¿Me parecen tontas? Ya, igual. Esto es como la lluvia de ideas que apuntas en un papel un montón de opciones que dices “Qué tontería”. Apúntala. Porque lo que estás haciendo es darle flexibilidad al cerebro. Entonces eso es muy bueno. La rigidez es muy mala, la rigidez son muros, los muros te hacen chichones. Con las opciones estamos viendo qué posibilidades hay. Cuantas más opciones, mejor,  ya te digo, aunque nos parezcan tonterías. Y después elegimos una, elegimos la que más fácil nos parezca, la que en ese momento podamos hacer con mayor facilidad o de manera más cómoda. Y lo hacemos. Lo primordial es movernos, es qué cosa, por pequeñita que sea, puedo hacer, aunque sea muy pequeña, aunque en este momento, sea lo que sea, pedir a tu jefe algo o levantarte, ir al baño. Hay gente que está en el trabajo que ni siquiera se atreve a levantarse e ir al baño. Cosas muy pequeñitas, pero ya están iniciando un movimiento. Entonces, ¿qué cosa, por pequeña que sea, puedo hacer hoy que me aleje de donde estoy y me acerque un poquito más a lo que quiero? Es importante, para pasar a la acción, delimitar, definir y poner superbonito dónde quiero llegar, mi objetivo. Y si te puedes ver cómo vas vestida, cómo va a ser tu cara de felicidad… Yo me veía despertando a mis niños por la mañana, desayunando con ellos y me lo imaginaba tantas veces que cuando lo tuve fue como… Es que ya lo había vivido yo tantas veces dentro de mí, incluso como iba a ser mi pijama, qué les iba a dar de desayunar. Cuanto más lo definamos, más claramente, antes vamos a llegar a ello.

Billie: Ummm qué bien. Me encanta esto de tener un objetivo porque nosotros lo enseñamos mucho en Mamis Digitales y es importantísimo saber dónde queremos llegar y tenerlo ahí bien claro en nuestro mapa. Hay otra cosa que suele pasar y que yo veo con frecuencia. Es, vale, ya tomaste la decisión, ¿no? Ahora vamos a poner un ejemplo de una mami digital que decide convertirse en community manager profesional. Ya tomó esa decisión, pero le viene ahora el síndrome del impostor. Oye, ya cambié de carrera, ya estudié, soy buena haciendo esto, pero no me lo creo. No me lo creo. Y hay un montón de gente que es mejor que yo y empiezo a ver redes sociales y me da miedo. Y entonces empiezan con “no soy capaz”, “no lo voy a conseguir” y entran y los miedos. Justo hoy hablaba con una que me decía “es que todo el mundo sabe que soy buena yo menos yo”. ¿Qué hacemos cuando nos llega esto?

Laura: Pues ahí se mezclan dos cosas. Primero, las creencias, es decir lo que nos decimos, la peli que nos montamos, que nada tiene que ver con la realidad. De verdad, no conozco todavía una realidad que sea peor que la peli que nos hemos montado. La realidad siempre es mucho más benévola que las historias que nos contamos sobre ella. Entonces, darnos cuenta que las cosas son como son. Que lo que nos hace sufrir es la interpretación que yo hago de ello. Y claro, qué pasa, que cuando hablamos de una de nosotras mismas, nos ponemos celosas. Cualquiera que ha hecho el mismo curso que yo es mucho más capaz, mucho más inteligente que yo misma. Entonces tenemos que empezar también a identificar, a pescar ¿qué me estoy diciendo? Y darnos cuenta de que eso que me estoy diciendo no es verdad. Una verdad es todo lo que sea una ley universal. Ahora en España es de día y eso es indiscutible. Eso es una verdad universal, es una ley universal. Si le preguntas a alguien que está en China o en Argentina, en Suramérica, te dirá que en España es de día, porque eso es así. Ahora fijaros, tan solo el 4 o el 6 por ciento de las cosas que nos decimos son verdades. El resto, o sea, el 94, 96%, que es una barbaridad, si no son verdades, ¿qué son?

Billie: Claro, son mentiras. 

Laura: Como suena muy feo decir mentiras, los psicólogos utilizamos creencias.  Son creencias, son pensamientos. Entonces yo les diría a todas las mamis que sois mucho más que un pensamiento. Un pensamiento es algo que pasa por aquí y se va. Dejarle marchar. Porque es una creencia que os está limitando. Vamos a contarnos la peli, hablamos, y puesto que de lo que nos vamos a contar la mayoría de cosas van a ser mentira, pues vamos a elegir y otra vez, ya sé que soy pesada,  pero otra vez, me pongo la situación de protagonista y soy yo la que elijo, igual que elijo la ropa que ponerme cada mañana, elijo en qué pensar cada día, igual que elijo mi alimentación y en base a lo que yo coma va a estar mi cuerpo, pues elijo también qué pensamientos de firme, porque en base a la comida que yo le he hecho a mi cerebro me voy a sentir, y en base a cómo me sienta me voy a comportar. Eso por una parte, la parte de las de las creencias que nos limitan mucho sin saberlo. Entonces, somos mucho más que lo que pensamos. Y luego, por otra parte, está la emoción. ¿Qué pasa? Que cuando yo me digo algo, esto automáticamente me hace sentir algo. Lo que yo pienso me hace sentir algo y entonces como siento, me comporto. Si yo digo “no valgo, no lo sé hacer, no puedo, con esto me voy a sentir insegura, me voy a sentir con miedo”, ¿cómo me voy a comportar? Pues no me vendo. No paso a la acción. No termino el curso, o lo termino pero luego me quedo paralizada en casa y no me promociono. Voy a visitar empresas o a vender mis servicios. Empiezo ya a manejar las redes. Lo que haga falta. No lo hago. Me paralizo. Entonces, lo primero, cambiar, pescar qué me estoy diciendo y sustituirlo por algo que me potencie. Y lo segundo, entender que lo que me pasa es miedo. Ya entramos en la parte de las emociones, que a mí me apasionan. Yo estudié las emociones, cómo las sentían y cómo las trabajo. Es que no hay emociones buenas ni malas. Durante mucho tiempo se pensó que había emociones negativas como el miedo, la tristeza y algunas positivas como la alegría. Y pues yo creo que no, que todas las emociones son buenas porque nos sirven para algo, tienen una finalidad. Solo hay una condición y es que las utilicemos en la situación que corresponda. Es decir, cuando toca. Lo voy a explicar  y así lo vamos a entender mucho más fácil. Si yo tengo un enchufe de 220 voltios y le quiero enchufar un aparato, un secador de pelo de 110, ¿qué va a pasar?

Billie: No funciona.

Laura: Que no va. Que no va o que saltan chispas. Pues es lo que nos pasa a nosotras cuando estamos utilizando una emoción que no toca en esa situación. Saltamos chispas, estamos superirascibles, nos enfadamos o son las diez de la mañana y estamos agotadas, estamos paralizadas, bloqueadas. Esto es una señal de que estoy usando una emoción que no toca. Normalmente es el miedo, cuando no toca el miedo. El miedo es muy bueno porque el miedo nos protege y nos da seguridad, siempre y cuando haya una amenaza real. Es decir, si yo tengo mucha prisa por la mañana y cruzo una carretera sin mirar, necesito el miedo que me pare y que me ayude a mirar. Pero si no hay una amenaza real, si no hay un peligro que ponga en riesgo nuestra salud, nuestra seguridad, no toca miedo. No toca miedo. Eso del “qué toca” es para mí un truquito que lo utilizo un montón. Espera, ¿qué toca? No toca miedo. Otras veces tocará. La mayoría de veces toca lo que yo llamo el orgullo. El orgullo es ese poder personal. Es conectar con tu capacidad de ser, con tus habilidades, es darte cuenta de que estás formada, de que te has preparado y además con los mejores. Que has hecho un curso maravilloso,  que tienes todo el conocimiento. Que has conseguido y has mostrado que tienes habilidades y capacidades a lo largo de tu vida en un montón de ocasiones, que simplemente es ir al pasado, cogerlas y traerlas ahora y mostrar lo que eres y mostrarlo con orgullo. La mayoría de veces, cuando vamos a emprender, lo que nos falta es ese orgullo, ese conectar con nuestro poder personal. ¿Y qué hacemos? Lo sustituimos por miedo, queremos enchufar el secador en la situación que no es. No. Es una situación que toca orgullo,  que es decir “esta soy yo y voy a mostrar al mundo todo lo que he aprendido” y además ayudar a los demás. Pero ponemos el secador del miedo y el miedo nos paraliza.

Billie: Wow! Me encanta todo esto,  me quedaría horas hablando contigo Laura. ¿Cómo podemos encontrarte?  ¿Dónde estás? No sé, tienes redes sociales, tu página web, algo que nos puedas compartir para que podamos aprender más de ti, que ya veo que tienes muchas cosas que contarnos.

Laura: Pues tengo redes sociales Twitter, Facebook e Instagram. Soy Laura Croas. Me podéis buscar  por Late corazón late coaching.

Billie: Vale. De todas formas pondremos todos los enlaces de tus redes sociales en las notas de este episodio, así que lo podrás encontrar fácilmente. También ahí podrás mirar todo lo que hace Laura. Laura, vamos a acabar esta entrevista con una pregunta que les hacemos a todas nuestras invitadas y es ¿qué te han enseñado tus hijos Nico y Pablo?

Laura: Mis hijos son mis grandes maestros. Me emociono cuando me echo la vista atrás y digo todo lo que me han enseñado, pues ellos me han dado la fuerza, me han enseñado a ser valiente, a conectar con lo que realmente soy, me han enseñado que si quieres algo, ve a por ello, porque que lo vas a conseguir. Me han enseñado a permitirme, a darme permiso para disfrutar, para ser yo misma, para elegir. Me han enseñado, me enseñan y creo que me seguirán enseñando hasta el fin de los días, porque son y serán mis grandes maestros, con lo cual no puedo estar más orgullosa de ellos. Y cada día, ya te digo, me enseñan a ver las cosas mucho más fáciles. A veces nos complicamos.  Yo cuando tengo un problema de verdad, digo no, no, Nico, Pablo, os hago la pregunta porque sé que ellos me van a dar la respuesta fácil. Yo me voy a complicar, pero ellos me lo van a dar fácil. Entonces ya ves, la vida es más fácil.

Billie: Qué bonito, me encanta. Me quedo con que son nuestros grandes maestros y nos enseñan cada día, así que Laura, muchísimas gracias por haber estado con nosotras y por habernos enseñado tantísimo en este episodio.

Laura: Muchísimas gracias a ti, muchísimas gracias a todas vosotras y espero vernos pronto. Un abrazo grandísimo, de verdad. Un placer. He estado muy, muy a gusto.

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